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LA SEMANA SANTA COMO MODELO DE CONVIVENCIA
Autoridades, Presidente
de la Junta de Cofradías de Chinchilla, Presidentes de
las diversas Cofradías y Hermandades, miembros de la Junta
de Cofradías de Albacete, Tarazona y Cieza, queridos cofrades
y amigos.
El hombre siempre ha sentido
una especial fascinación por la luna llena. Y de todas
las lunas llenas, la más celebrada fue la primera luna
llena de primavera. Prácticamente todas las civilizaciones
de la antigüedad tenían festividades coincidiendo con
dicho periodo.
Y actualmente, en España,
durante la primera luna llena de la primavera, es posible
presenciar en muchos pueblos y ciudades un fenómeno muy
curioso: numerosos hombres y mujeres, vestidos con túnicas
y altos caperuzos, desfilan por las calles portando unas
imágenes, a un ritmo lento, muy lento, marcado por un
tambor.
Este espectáculo insólito,
imponente y sobrecogedor que es el desfile procesional
constituye la manifestación externa más relevante del
conjunto de actos que se celebran durante los días de
una semana, que recibe el nombre de Semana Santa, y que
coincide exactamente con la primera luna llena de la primavera.
La Semana Santa es la conmemoración
de un acontecimiento que sucedió hace casi dos mil años
en Palestina: la Pasión de Cristo, y su símbolo es la
Cruz. Es el gran misterio de un Dios que se hizo hombre,
que nos dio una nueva ley y que decidió morir para redimir
a la humanidad. Su doctrina basada en el amor, la mansedumbre
y la tolerancia, resalta especialmente en estos días de
odio y guerra, de dolor, muerte y destrucción.
La Pasión de Cristo representa
uno de los aspectos fundamentales de la religión cristiana.
Todas las iglesias cristianas: ortodoxos, católicos y
protestantes, la rememoran de una forma u otra con actos
religiosos, y consideran estos días como días propios
de meditación y recogimiento.
Pero para los católicos,
esta forma íntima de celebrar la Semana Santa no es suficiente.
No basta con hacer una confesión interna de la fe sino
que hay que realizar una manifestación externa de nuestras
creencias. Y lo hacemos sacando las imágenes a la calle
mediante esta representación espectacular que es el desfile
procesional.
La Semana Santa tienen
un fundamento religioso, y sin él no tendría razón de
ser. ¿Pero la Semana Santa queda circunscrita únicamente
al ámbito religioso? ¿Es exclusivamente una manifestación
de devoción popular? No. Además del componente religioso,
nuestra Semana Santa es un acontecimiento social en el
que se dan unas connotaciones de camaradería y amistad,
de ilusión colectiva y de unión, de rito y de tradición,
que me resulta difícil encontrar otro ejemplo similar.
Para hablar del aspecto
religioso de la Semana Santa hay personas que están mucho
más cualificadas que yo. Y no me voy a referir a él. Sí
que quiero hacer unas reflexiones sobre el fenómeno social
de la Semana Santa, sobre el modelo de convivencia que
se establece en estos días y sobre el efecto beneficioso
que una actividad colectiva de este tipo tiene para el
conjunto de la comunidad.
Para la celebración de
la Semana Santa, la Iglesia necesita de la colaboración
de la sociedad civil, de los seglares. Y los seglares
que somos todos nosotros, participamos en la Semana Santa,
no de forma individual, sino a través de unas agrupaciones
que son la Cofradías de Semana Santa. Y nosotros tenemos
siete: las seis cofradías tradicionales y los entrañables
Apóstoles que no hay que olvidarse de ellos.
Las Cofradías son unas
agrupaciones muy peculiares. Están constituidas por un
grupo de personas que en un plano de igualdad se reúnen
con un objetivo común: participar juntos en la Semana
Santa, convirtiéndose además en depositarias de ritos
y tradiciones.
LA COFRADÍA ES UNA ASOCIACIÓN ENTRE IGUALES
Su nombre ya es muy sugerente:
Cofradía, que significa Hermandad. Este nombre ya expresa
claramente el tipo de relación que debe existir entre
sus miembros. Los socios de una cofradía nos llamamos
hermanos y el más respetado es nuestro Hermano Mayor.
Una Cofradía está formada
por personas de profesión, condición social, e ideología
muy distintas. Pero dentro de la Cofradía todos somos
iguales y todos asumimos esa igualdad.
Hay miembros de una Cofradía
que posiblemente no se hubieran relacionado si no fuera
por la misma y sin embargo gracias a la Semana Santa se
conocen y se respetan. A partir de ese momento nadie de
mi Cofradía me debe resultar indiferente. Y cuando dos
cofrades se crucen por la calle pensarán uno de otro:
ese es de mi Cofradía. Sin darnos cuenta se ha creado
entre nosotros un lazo que nos une. La Cofradía facilita
la comunicación entre personas diferentes, y potencia
la cohesión de la comunidad.
LA COFRADÍA ES UN EJEMPLO
DE PARTICIPACIÓN COLECTIVA
La Cofradía responde al
deseo de participar junto a los demás y no es una institución
propicia para ejercer la vanidad personal. Desde el anonimato
que supone el desfile con la cara oculta los cofrades
participan de una ilusión común en la que no se trabaja
por el lucimiento personal sino por el lucimiento del
conjunto. El protagonismo es para la Cofradía, no para
el individuo. Porque solos nos somos nada, y con los demás
lo somos todo. Y todos los cofrades lo saben, y todos
contribuyen a ese objetivo común.
La Cofradía proporciona
humildad y es una buena medida contra la soberbia.
LA COFRADÍA ES UN MODELO
DE AGRUPACIÓN
GENEROSA Y DESINTERESADA
Entre los fines de una
Cofradía no está la obtención de un beneficio
material. Ninguno de los miembros de una Cofradía pertenece
a ella por un interés económico.
La Semana Santa, tal como
la conocemos, no podría existir si no fuera porque hay
personas que a través de la Junta Directiva de cada Cofradía,
de la Junta de Cofradías o a título personal, están trabajando
a lo largo de todo el año de una forma desinteresada,
incluso adelantando su propio dinero. Este esfuerzo pasa
desapercibido.
El presupuesto económico
de una Cofradía o de la Junta de Cofradías es una cantidad
ridícula. En el mundo actual, de grandes presupuestos
para hacer pequeñas obras, resulta sorprendente que con
tan poco dinero se hagan tantas cosas. Esto es posible
porque la falta de medios económicos se suple con la ilusión
y el esfuerzo generoso de unas personas cuyo reconocimiento
siempre es inferior a sus méritos.
La Semana Santa es contraria
al egoísmo.
LAS
COFRADÍAS SON ASOCIACIONES QUE
FOMENTAN LA TOLERANCIA
La Semana Santa da la oportunidad
de participar a todo el mundo. Una Cofradía admite a miembros
que no sean creyentes siempre que sean respetuosos con
los sentimientos de los demás.
La Cofradía no excluye
a nadie: todos conocemos casos de personas, con dificultades
de relación, que incluso durante el resto del año pueden
estar algo marginadas y que durante la Semana Santa se
incorporan al esfuerzo colectivo y consiguen una integración
plena con el resto de la sociedad.
Una Cofradía no rechaza
a miembros de otra Cofradía, al contrario son aceptados
con agrado. Porque entre las Cofradías hay rivalidad,
pero es una rivalidad sana, es una rivalidad que supone
un estímulo de superación. Es una rivalidad sin rivales.
Porque entre cofrades no hay contrarios. Todos estamos
unidos por ese ideal común que es el éxito de la Semana
Santa. Siempre se valora el buen hacer de otra Cofradía,
pero jamás se envidia. Es difícil encontrar otro ejemplo
de tolerancia y camaradería.
La participación en la
Semana Santa es un buen tratamiento para combatir el aislamiento
y la marginación.
LA COFRADÍA Y LA SEMANA SANTA FACILITAN EL
REENCUENTRO
La Semana Santa es una
de las épocas del año en la que se produce el retorno
de todos aquellos chinchillanos que se vieron en la necesidad
de buscar un medio de vida fuera del pueblo.
Muchos regresamos en estas
fechas a la llamada del tambor. La Cofradía y la participación
en la Semana Santa son vínculos que nos unen al pueblo,
que contribuyen a conservar nuestras señas de identidad,
que nos mantiene fieles a nuestros orígenes y que nos
permite el reencuentro con familiares y amigos. La Semana
Santa es un buen remedio contra el olvido.
LAS COFRADÍAS MANTIENEN
LOS RITOS Y LAS TRADICIONES
La palabra tradición siempre
va unida a la Semana Santa.
Tradición es que el gusto
por la Semana Santa se transmita de generación en generación.
Mis primeros recuerdos de la Semana Santa se remontan
a una época ya lejana en la que siendo muy pequeño desfilaba
de la mano de mi abuelo Amaro en la Hermandad de los Apóstoles,
de la cual en ocasiones él era el único componente.
Las vivencias de la infancia
suelen quedar grabadas en la esfera del mundo afectivo
y nos producen sentimientos que no se pueden explicar
por las leyes de la razón. Por eso a las personas ajenas
al pueblo les resulta difícil comprender el entusiasmo
que nos produce la participación en la Semana Santa.
Años después, me hice miembro
de la Cofradía de la Virgen de la Soledad. Me apunté a
ella, no porque sintiera una devoción especial por dicha
Virgen, sino porque mi padre había sido de esa Cofradía,
y mi padre perteneció a la misma por que su vez su padre
también lo fue. Mis hijos son de la cofradía y ojalá algún
día pueda ver a un nieto desfilar con mi túnica.
La ilusión por la Semana
Santa, se transmite de padres a hijos y esta es la mejor
garantía para su supervivencia.
Tradición es el reconocimiento
al trabajo de los que nos precedieron. La Semana Santa,
tal como la conocemos ahora, no la hemos hecho nosotros.
Es el resultado del esfuerzo de muchas generaciones. Hay
aspectos de nuestra Semana Santa, como la Pasión Cantada
o el toque anunciador de las bocinas, cuyo origen se pierde
en la noche de los tiempos.
Otros componentes son debidos
a generaciones más recientes. Gran mérito tuvo la generación
que procedió a reconstituir las Cofradías en los años
50 tras el paréntesis de la Guerra Civil. A ella le debemos
gran parte de la estructura actual de la Semana Santa.
Todas estas generaciones previas fueron condicionando
nuestra Semana Santa con una serie de características
que le son propias, y que la diferencian de la Semana
Santa de otras poblaciones de nuestro entorno. Nuestro
deber es conservar esa herencia, pero también es nuestra
obligación mejorarla para transmitir a la siguiente generación
una Semana Santa mejor. Y para mejorar hay que hacer cambios.
Y se han hecho. Se comenzó fundando una nueva Cofradía
(la de la Virgen de las Angustias), cofradía que tiene
un mérito extraordinario, pues siendo la más joven, alcanzó
un desarrollo tan rápido, que desde el inicio pudo competir
en situación de igualdad con las Cofradías veteranas.
Posteriormente se introdujeron otras novedades: la lectura
de la sentencia de Jesús, la procesión infantil, la recreación
del Calvario, la tamborada, la banda de la Junta de Cofradías,
nuevos piezas musicales, la actuación conjunta de todas
las bandas el Domingo de Resurrección, pequeñas modificaciones
en el recorrido. Unas innovaciones persisten y otras no.
Pero todas han contribuido a que nuestra Semana Santa,
siendo la misma, sea cada año distinta.
Nuestra Semana Santa está
viviendo una época dorada y está muy arraigada. No hay
que tener miedo a la introducción de cambios. La Semana
Santa de Chinchilla tiene una característica que la hace
inimitable: es una Semana Santa entre Murallas, y hay
zonas del pueblo que son espectaculares para un itinerario
procesional. En algún momento habrá que plantearse un
cambio en el recorrido. Porque respeto a la tradición
no es sinónimo de inmovilismo ni de rutina.
Y tradición también es
el recuerdo de los que ya se fueron. ¡Cuántos de los que
los que contribuyeron a nuestra Semana Santa ya no están
aquí¡ ¡Cuántos nombres, cuantos amigos¡ Todos ellos vivieron
la Semana Santa con gran ilusión, todos aportaron su grano
de arena. Esta es una época propicia para su recuerdo.
Yo estoy convencido que todos ellos están gozando de ese
Cielo que nuestra religión promete a los justos, porque
nadie que participe y que sienta la Semana Santa puede
ser mala persona. En el más allá, ellos estarán celebrando
otra Semana Santa, pero comprobarán con satisfacción como
su obra continua, y también sentirán un estremecimiento
cuando su Cofradía irrumpa en la Plaza con el estandarte
desplegado al ritmo de la marcha rápida del tambor.
Decía Ortega y Gasset que
todas las sociedades llevan incorporadas tendencias que
favorecen su desintegración, y nosotros estamos comprobando
todos los días como se potencian más los aspectos que
nos diferencian y separan que aquellos que nos unen. Sugería
el filósofo español que una forma de contrarrestar estas
tendencias destructivas era mediante la realización de
actividades capaces de entusiasmar a una gran parte de
la población. Nuestra Semana Santa es un magnífico ejemplo
de este tipo de actividad en la que todo el pueblo está
unido por una ilusión común. Porque en este mundo, en
general poco solidario, resaltan mucho más los valores
sociales de las Cofradías de Semana Santa en las que se
fomenta la igualdad, la acción colectiva, la integración,
la labor desinteresada, la unión de todos y el respeto
y recuerdo de los que nos precedieron.
Todas ellas son virtudes
cívicas, no son virtudes religiosas. Son valores de ciudadano
que están en perfecta sintonía con aquella doctrina de
amor y tolerancia que hace 2000 años predicaba Jesús de
Nazaret.
Pero ya sobran las palabras
porque queda muy poco para la primera luna llena de primavera.
¡Ramón!, ten presto a los apóstoles ¡Paco, Félix,
José, Miguel, Manolo, Pedro! que sois los presidentes
de las seis Cofradías: preparad los últimos detalles y
haced que las imágenes luzcan todo su esplendor.
Que los cofrades saquen su túnica del arca, que tensen
la piel de los tambores y que afinen las cornetas.
Porque va a comenzar la
Semana Santa de Chinchilla.
Y vamos a convivir intensamente
en estos días. Y vamos a repetir todos nuestros ritos:
subastaremos los cetros, nos tomaremos el vaso de cuerva
antes de comenzar la Procesión, desfilaremos hasta la
Iglesia unidos y orgullosos, portaremos las imágenes por
las calles angostas y empinadas, nos estremeceremos el
Viernes Santo con el canto de la Pasión, y el Domingo
de Resurrección tras acompañar a la Virgen del Rosario
hasta su capilla, volveremos a la Plaza todos mezclados
y con las capas intercambiadas y finalizaremos la Semana
Santa en la Plaza con un abrazo colectivo.
Y todo esto lo vamos a
hacer porque queremos hacerlo juntos, porque así lo sentimos,
porque nos place.
Gracias a la Junta de Cofradías
por haberme propuesto para hacer el pregón, gracias a
Joaquín Gabriel por su inestimable ayuda, y gracias especialmente
a todos vosotros, cofrades y amigos, por vuestra presencia
y vuestra atención.
Comienza la Semana Santa del año 2003.
12 de abril de 2003
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