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Distinguidas Autoridades,
Sr. Presidente de la Junta de Cofradías,
Sres. Presidentes de las Hermandades, señoras
y señores.
En
primer lugar, quiero agradecer a la Junta de Cofradías
el honor que me ha dispensado al nombrarme pregonera
de la Semana Santa de Chinchilla, ya que es la
primera vez que una mujer ha sido elegida para
desempeñar este cometido.
Al
aceptar este nombramiento me invadió cierta
preocupación, pensando en la responsabilidad
que suponía y teniendo en cuenta las ilustres
personalidades que me han precedido. Esta preocupación
se fue desvaneciendo poco a poco, al recordar
a las mujeres de nuestro pueblo. Si me habían
elegido a mí para representarlas no las
podía defraudar y con esta idea empecé
a sentirme más tranquila.
Haré
mi disertación de una manera sencilla pero
emotiva, apoyándome en mis recuerdos y
en mis vivencias.
Para
mí nuestra Semana Santa, además
de su significado religioso que yo vivo con mucha
intensidad, la considero como una hija a la que
entre todos le hemos dado vida, cuidado y alimentado.
Ahora estamos muy orgullosos de verla desarrollada
y hermosa y como buenos padres queremos enriquecerla
cada año más para que obtenga en
esta provincia el máximo reconocimiento.
Pero
no debemos olvidar que esta hija nuestra tan querida,
ha pasado en su infancia y en su adolescencia,
muchas dificultades.
Recuerdo
aquellos años de decadencia económica
cuando no se podían reponer ni mejorar
las ropas, ni las andas, ni tan siquiera comprar
flores naturales para embellecer los pasos.
Esta
escasez de medios, apagaba la ilusión de
mucha gente. Cada Hermandad la sostenían
un reducido número de cofrades, los más
entusiastas, que no se resignaban, ni se avenían
a aquella decadencia, presintiendo sin duda que
las circunstancias mejorarían y nuestra
Semana Santa llegaría a ser, grande y esplendorosa.
Ahora
todas estas dificultades se han superado; las
Hermandades adquieren nuevas imágenes y
embellecen los pasos. Los cofrades se hacen equipos
nuevos y colaboran con su presencia y fervor.
Ha
sido un gran acierto crear la Junta de Cofradías,
ya que gracias a élla se pueden coordinar
todos los actos y poner en práctica las
iniciativas que vayan surgiendo. Su labor ha sido
decisiva para conseguir que nuestra Semana Santa
tenga la categoría de “INTERÉS
TURISTICO REGIONAL”.
Nuestras
Hermandades, no son simples asociaciones que durante
una semana al año quieren exteriorizar
la muerte y resurrección de Cristo. Entre
sus asociados hay personas con una vida espiritual
rica y las que lo hacen por tradición familiar,
reviven en esos días las enseñanzas
que les inculcaron sus mayores.
Los
ensayos de las bandas y las comidas de las Hermandades,
fomentan una sana convivencia entre todos los
cofrades y surgen excelentes amistades que perduran
toda la vida.
¿Quién
no recuerda las comidas de hermandad en los pinos
del Tejar?
Allí
se han realizado las más sanas y amenas
diversiones, en un plano de igualdad, al tiempo
que se saboreaban los típicos gazpachos
manchegos y las sabrosas carnes de la tierra.
En
nuestras conmemoraciones, hay varios actos singulares,
que anuncian la pasión y muerte de Jesús,
ya que todos se realizan durante la Cuaresma.
Y es que nada dejamos a la improvisación.
Las
bandas de cornetas y tambores, cuando llega este
tiempo, comienzan ya sus ensayos. Para mí
es un gozo, ver como sus componentes, mayores
y pequeños, preparan noche tras noche las
marchas procesionales, hasta que salen a la perfección.
También
quiero manifestar mi admiración por ese
grupo de hombres que con un tesón extraordinario,
llevan cincuenta años, tocando o acompañando
las bocinas todos los sábados de Cuaresma
y a pesar de las inclemencias del tiempo. Ésto
lo he vivido muy de cerca y no quiero citar nombres
por si se me olvida alguno, pero que sepan que
su recuerdo lo llevo en mi corazón. Los
he visto regresar, año tras año,
tiritando de frío pero contentos de haber
llevado su mensaje, hasta las calles más
empinadas y recónditas del pueblo.
Estos
originales instrumentos, nos invitan con su sonido
plañidero, a sosegar más nuestras
vidas y a vivir más acorde con las fechas
que se aproximan.
Por
su antigüedad y especial sonido, revisten
a nuestra Semana Santa, de un matiz muy peculiar.
Las
Bocinas pasaban desapercibidas, y ahora que han
sido descubiertas, gentes de todos los lugares
se interesan por su significado y vienen los sábados
de Cuaresma, a escuchar sus conmovedores lamentos.
Yo
así las he cantado:
Las
bocinas durante la cuaresma
esparcen su sonido plañidero,
invitando las noches de los sábados
a vivir un ambiente más sereno.
Su
impresionante canto nos recuerda,
que se aproximan trágicos momentos,
Jesús con su pasión y con su muerte,
nos llenará de fe y de sentimiento.
Cuatro
siglos de historia las refrendan,
su son acompañó a nuestros ancestros
y siguen transmitiendo su mensaje,
por las calles recónditas del pueblo.
La
Hermandad del Cristo de la Agonía,
con esfuerzo y tesón las ha repuesto
y estas joyas que dan fama a Chinchilla,
no serán silenciadas por el tiempo.
Seguirán
paseando por las calles,
a pesar de que el frío sea intenso,
rodeadas de gente que las sigue
y que oye emocionada sus lamentos.
Hay
un trabajo anónimo que en nuestra Semana
Santa realizamos todas las mujeres de Chinchilla,
y que yo quiero resaltar.
Las
vísperas de la fiesta, ya se vislumbran
en nuestras casas, acontecimientos extraordinarios.
Sacamos de los baúles las ropas de los
nazarenos, las planchamos con esmero y las disponemos
para que nuestros maridos e hijos, las luzcan
en las procesiones.
Las
comidas, para las señoras, en estos días,
también nos supone un capítulo relevante.
Programamos el menú y lo vamos preparando
con antelación.
Los
potajes con rellenos, las empanadillas, los mojes,
las croquetas, los “rollicos” fritos,
las fritillas, etc. van saliendo con mimo de nuestras
manos, junto con otros guisos más suculentos
y sofisticados.
En
los ratos libres pintamos y confeccionamos colgaduras
con los emblemas y colores de las Hermandades,
para adornar los balcones de nuestras viviendas
y cuando todo en casa está dispuesto, muchas
de nosotras, nos vestimos de manolas o de nazarenas
y las que no lo hacemos, nos apresuramos a ocupar
algún estratégico lugar, donde se
vea bien la procesión.
Creo
que esta colaboración femenina, es muy
valiosa, y aunque anónima, merece reconocimiento.
Y
una vez que hemos realzado algunos actos de los
que se celebran en la Cuaresma, pasaremos a ensalzar
los más representativos de nuestra Semana
Santa.
El
bonito entorno de nuestra Ciudad, sus monumentos
y sus calles empinadas y angostas, son un marco
incomparable para nuestras procesiones.
Yo,
esos días, los vivo con mucha intensidad
y con mucha emoción y esos sentimientos
me elevan y me impulsan a escribir poesías.
Me
imagino que nuestras calles se parecen a las de
Jerusalén y que Jesús anda con la
cruz a cuestas, para su crucifixión en
el Calvario.
A
esta ensoñación mía, contribuyen
muchas cosas en las que intervienen todos los
chinchillanos, y aunque sea brevemente las voy
a reseñar.
La
procesión infantil que desde hace algunos
años, realizan nuestros niños, es
tan pintoresca y bonita, que nos enternece a todos.
D. Sebastián, va adquiriendo cada año
nuevas imágenes y creo que ya tienen tantos
pasos, como los mayores. Resulta muy hermoso ver
desfilar a tantos pequeños, con la ropa
de sus Cofradías y llevando a hombros las
diminutas imágenes. ¡Éstos
niños, cuando sean adultos, no cabe duda,
serán buenos cofrades!
¡La
Cofradía de San Juan! ¡Con qué
dignidad desfilan los cerámicos y llevan
al Apóstol siguiendo la huella de su maestro!
Con sus túnicas blancas y sus capas y capuces
verdes, crean un bonito conjunto, que yo siempre
he admirado.
Su banda, ensayaba junto a mi casa y he compartido
con éllos, durante muchos años,
el redoblar de sus tambores y el estrepitoso sonido
de sus cornetas. Aún me parece que estoy
viendo a Manuel Calonge del Rey, “El Guardia”,
dirigiendo los ensayos.
La
Hermandad de la Sangre, cuando lleva a la Virgen
de los Dolores, en busca de su divino hijo, me
emociona y su bello rostro, me transmite la amargura
de su corazón. Sus nazarenos visten con
pulcritud sus atuendos rojos y azules y sé
que se esmeran en cada detalle. No hay que olvidar
que esta Cofradía tiene mucha solera, ya
que es la más antigua de todas.
El
recuerdo de Sebastián, también se
me hace patente, cuando la veo desfilar.
¿Qué
voy a decir de la Cofradía de Nuestro Padre
Jesús, cariñosamente llamada de
“Los Moraos”, si es la que más
nazarenos tiene?
Sus
túnicas moradas, sus numerosos pasos, el
Ecce Homo, Jesús con la Cruz a cuestas,
la Verónica, el Cristo de la Misericordia,
la Virgen del Rosario y el Resucitado, contribuyen
de una manera extraordinaria al embellecimiento
de nuestras procesiones.
Los
cantos de la Pasión que sus niños
y jóvenes interpretan en el Encuentro,
son una de las representaciones más emblemáticas
de nuestra Semana Mayor. Cuando los oigo, me conmueven
extraordinariamente.
Siempre
recordaremos a Eduardo, enseñando a estos
niños.
Mi
emoción va en aumento, cuando pasa la Hermandad
de las Angustias, con su bonita imagen. ¡María,
con su divino hijo muerto entre sus brazos, aflige
mi corazón! Lleva la angustia, reflejada
en su semblante y puñales clavados en su
pecho!
Esta
Cofradía, que fundaron los de Aviación,
con sus túnicas azules y sus capas doradas,
resulta muy elegante.
La
imagen de María Magdalena, por su belleza
y espléndidos trajes, ha enriquecido también
nuestras procesiones y resulta muy original que
la lleven a hombros, las nazarenas.
Yo
saludo a la Virgen, con este soneto:
Un
soneto de amor quiero ofrecerte
que alivie tu dolor, Virgen María,
en este turbulento y acerbo día
en que tu hijo, Jesús, reo es de muerte.
A pesar de tu angustia te haces fuerte,
le sigues al Calvario ¡madre mía!
y presencias su trágica agonía
en la cruz, abrazándole ya inerte.
Tu corazón roído por la pena,
le ha seguido en silencio a todas partes.
¡Cuánta tristeza en tu alma, Virgen
buena!
¡Qué ejemplo de humildad al mundo
impartes!
Quisiera compartir hoy, tu amargura
y trocar tu dolor en gran dulzura.
Y
llegamos a la Hermandad del Cristo de la Agonía
y Santo Entierro.
Aunque
no quiera, los recuerdos acuden con fuerza a mi
mente, cuando intento evocar a los romanos. La
presencia de mi marido se hace casi real. Como
saben, los equipos se guardaban en mi casa y él
se preocupaba de que todo estuviera limpio y reluciente.
En las procesiones, era muy exigente con los que
se vestían y le agradaba que desfilarán
con marcialidad.
Estos
25 soldados romanos, con sus uniformes, sus cascos
y sus picas, dan una vistosidad extraordinaria
a nuestros desfiles y procesiones.
Al
nombrar a los romanos, Pelayo, Jesús Requena
y mi marido, aparecen entrelazados en mis recuerdos.
Esta
Hermandad del Cristo de la Agonía, con
sus túnicas blancas y sus capas y capuces
rojos, resulta muy atractiva. Los trajes de “sota”
que visten los componentes de su banda, tienen
un encanto especial y sobresalen armoniosamente,
entre las filas de los nazarenos.
Cuando
en el silencio de la noche, esta Cofradía,
saca a Jesucristo agonizante en la Cruz, se conmueve
todo Chinchilla y le acompañamos en su
recorrido, compungidos y silenciosos.
El
Viernes Santo, esta Hermandad, cambia sus atuendos
rojos por otros blancos y negros lo mismo que
las galas de sus cornetas y tambores. Acompaña
al Santo Sepulcro, en una solemne procesión.
Jesús yace muerto y nuestro corazón
se siente más desolado que nunca. ¡Se
ha apagado el sol más reluciente del universo!
Al
paso de la comitiva, la gente se estremece y reza.
Los
apóstoles, siguen el féretro de
su maestro acongojados, tristes, mientras una
saeta rompe el silencio de la noche.
Con los apóstoles, se han completado en
nuestras procesiones, las figuras más importantes
de la vida de Jesús. Sus componentes, por
su físico y su indumentaria, crean una
imagen muy real.
Al
verlos, siempre recordaremos a Amaro.
Y
a mí, Jesús muerto en el sepulcro,
me inspira este soneto:
La
cabeza sangrante, dolorida,
en rústico madero atormentado
y el inocente cuerpo fragelado
recorres nuestras calles hoy, sin vida.
¡Señor! Tú que has amado sin
medida
y a tantos desahuciados has curado,
Tú que a los muertos has resucitado,
¿por qué no confundiste al homicida?
Aceptaste
el martirio silencioso
y estremeciste al mundo con tu muerte…
¡Viernes Santo! Funesto y triste día
en que el sol más brillante y portentoso
en pétreo sepulcro yace inerte,
y mi alma llena de melancolía.
Y
siguiendo el féretro de Jesucristo, va
la Cofradía de la Soledad. Esta Hermandad,
acompaña a su preciosa Virgen con un fervor
y un respeto extraordinarios. María, enlutada
y triste, a todos nos conmueve. ¡No hay
pena más amarga que su pena! ¡Lleva
espadas clavadas en su pecho!
Los
cofrades, con sus atuendos negros, resultan sobrios
y muy elegante y le dan a sus filas, un sello
de distinción.
Siempre que los veo desfilar, me acuerdo de Baltasar
Madrona “ Pavera” ¡con qué
arrogancia llevaba la Cruz!
Un
nutrido grupo de manolas, ataviadas con traje
y mantilla negros siguen a la Virgen de la Soledad,
como si quisieran compartir con élla, la
tristeza de su corazón.
Y
termina la solemne procesión del Santo
Entierro, con una marcha fúnebre, que interpreta
nuestra querida banda de música.
Pero
para los católicos, la muerte no es el
fin. Jesucristo resucitó, el tercer día
de entre los muertos y en Chinchilla lo celebramos
con mucho regocijo.
Después
de estos días de tanto sufrimiento, la
Virgen vuelve a sonreir. Va en busca de su hijo;
María Magdalena y San Juan, le acompañan.
Jesús
resucitado abraza a su madre y una enorme algarabía,
resuena en la Plaza de la Mancha. La gente aplaude
sin descanso mientras las bandas interpretan la
Marcha Real. Un grupo de palomas levantan el vuelo
y las capas enlutadas de los nazarenos, se vuelven
blancas como la nieve.
Yo
también me emociono y escribo este poema:
¡Aleluya,
está la muerte ya vencida!
¡Jesús del sepulcro ha salido ya!
Y suenan cornetas y se oyen tambores,
celebrando el triunfo de la claridad.
Avanza
contenta la Virgen María,
ya la Magdalena viene con San Juan
buscando el abrazo divino y humano
de su amado Hijo, del Dios eternal.
Sus
ojos se cruzan, la madre sonríe,
aplaude la gente ¡momento crucial!
Se cumplen promesas ¡Ha resucitado!
Sones de alegría, invaden la ciudad.
Y
con esta rápida descripción de los
principales actos de nuestra Semana Santa, hemos
podido comprobar la belleza que de todos éllos
se desprende y el fervor que despiertan sus procesiones.
Como
pregonera de este año 2OO5, quiero terminar
mi intervención con dos mensajes:
El
primero dirigido a todos los forasteros que en
esta Semana Santa nos visitan. Les aseguro que
pasarán unos días de muchísima
emoción y otros de regocijo y alegría.
Mi
segundo mensaje, es para todos los chinchillanos
y chinchillanas. Que continuemos colaborando con
la Junta de cofradías y con las Hermandades,
para que nuestra Semana Santa, sea cada año,
más conocida y esplendorosa.
¡Feliz
Semana Santa y un abrazo para todos! Muchas gracias.
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