Ambientación:
Jesús bajaba lentamente y
en silencio, mientras la brisa del
atardecer de la primavera agitaba
su vestido; Diez de sus doce apóstoles
le seguían nerviosos, con
la sensación de que algo
grande estaba apunto de suceder…
Con
Jesús habían comido
ya varias veces la pascua. Pero
este año todo parecía
tener un sentido distinto. El maestro
estaba viviendo sus horas como si
fueran las últimas y los
apóstoles se habían
contagiado de esta emoción
suya…
(HAN LLEGADO A LA CUEVA, Y ENTRAN
EN GRUPO)
Momento
Primero:
Cuando Jesús entró
en la sala había en ella
un fuerte olor a grasa y a especias
picantes. Tradicionalmente los
judíos habían comido
la pascua de pie. Así lo
mandaba la Escritura.
No sabemos con exactitud como
se distribuyeron en torno a la
mesa. Una vez más los discípulos
comenzaron a discutir sobre los
puestos que le correspondían.
Todos querían estar cerca
del Maestro. La pena de verles
discutir por tampoco en una hora
tan solemne fue una más
de sus penas junto a las muchas
que le embargaban. Pero calló
y se sentó a la mesa.
Los criados habían colocado
sobre ella el cordero dorado y
crujiente, los platos con hierbas
silvestres, las salsas y especies,
las frutas.
Sólo ahora abrió
Jesús sus labios. Con su
mirada recorrió una a una
las caras de sus discípulos
y dijo en voz queda:
JESÚS:
Con gran deseo he deseado comer
esta pascua con vosotros antes
de padecer. Porque en verdad os
digo que no volveré a comerla
hasta que se cumpla en el reino
de Dios.
Estaban perplejos y aturdidos.
Sentían deseos de asegurarle
que allí estaban ellos
para defenderle; pero todas las
palabras les parecían inútiles.
Callaban.
Le vieron entonces tomar la primera
copa y llenarla de vino.
JESÚS:
Tomadla y distribuidla entre vosotros.
Os digo que no beberé ya
del fruto de la vid hasta que
llegue el reino de Dios.
Ahora Jesús había
comenzado a comer con toda naturalidad
el primer plato de la cena. En
él se mezclaban legumbres
y verduras típicas de Palestina.
Jesús siguiendo las costumbres
habituales, se había servido
con los dedos y había pasado
la fuente a sus vecinos.
Poco a poco los discípulos
se fueron animando. Comenzaron
a recordar cosas que les habían
ocurrido con Jesús y todos
empezaron a presumir de sus méritos
y devoción al Maestro.
Alguien debió de criticar
que Juan, siendo el más
joven, se hubiera sentado en el
puesto de honor, junto al Maestro.
Todos estaban seguros de que aquel
lugar les correspondía
a ellos.
JESÚS:
Habéis visto como los reyes
de los gentiles dominan a sus
súbditos. ¡qué
no sea así entre vosotros!,
sino que el mayor sea el menor,
y el que manda como el que sirve.
Yo estoy entre vosotros como el
que sirve.
Fue en este momento cuando dos
criados entraron en la sala, para
que, terminado el primer plato,
los comensales se lavasen las
manos. Uno de los criados se acercó
a Jesús pero éste
en lugar de poner sus manos para
lavarlas, tomó la jofaina
y se puso en pie. El criado y
los apóstoles le miraron
asombrados. Vieron como tomaba
también la toalla que el
criado llevaba como se la ceñía
a la cintura y como cogía
también el jarro de agua.
Jesús comenzó a
lavar los pies a uno, después
a otro… Hasta llegar a Pedro
ninguno se había atrevido
a hablar ni a oponerse a lo que
Jesús hacía. Pero
Simón Pedro retiró
sus pies con gesto escandalizado.
PEDRO:¿Tú
me lavas a mí los pies?
JERSÚS: Lo que yo hago
no lo entiendes ahora. Más
adelante lo entenderás
PEDRO: Jamás me lavaras
los pies
JESÚS: Si no te lavo no
tendrás parte conmigo.
PEDRO:¡Entonces no solo
los pies, sino también
las manos y la cabeza!
La salida hace sonreír
a Jesús, pero su sonrisa
se apaga con la rapidez del relámpago:
JESÚS:
El que se ha bañado no
necesita lavarse sino los pies
que ha manchado el polvo del camino.
Y vosotros estáis limpios.
Aquí su voz se quiebra
y añade:
JESÚS:
Aunque no todos…
Cuando acabó, plegó
lentamente la toalla, se lavó
él las manos se secó
la frente y, cuando regresó
a su sitio, habló al fin;
JESÚS ¿Sabéis
lo que he hecho con vosotros?
Vosotros me llamáis Maestro
y Señor. Y decís
bien por que lo soy. Pues si yo,
Maestro y Señor os he lavado
los pies, también vosotros
debéis lavaros los pies
unos a otros. Yo os he dado ejemplo,
para que hagáis también
vosotros lo he hecho yo.
VOZ DISTINTA DEL NARRADOR:
(Algo gira en el mundo en este
lavatorio. Este Dios, arrojado
a los pies de los hombres, es
un Dios que no conocíamos.
Este Dios que lo que lava no son
los pies hermosos de Adán
y Eva por el paraíso, sino
los pies de la historia, las extremidades
del animal caído que camina
pecando por el polvo, que peca
de los pies a la cabeza. Este
Eterno que se ha puesto de rodillas
y tiene manos de madre para los
pies de Judas)
Cuando
la cena prosiguió todos
estaban desconcertados por lo
que acababa de ocurrir, y por
la frase misteriosa que hablaba
de que alguno de ellos no estaba
limpio. De pronto, en un silencio,
su voz se alzó:
JESÚS:
En verdad os digo que uno de vosotros
me traicionará
La
frase cayó en la sala como
un golpe de viento helado. Todos
eran capaces de una bajeza como
la que Jesús anunciaba.
Comenzaron a preguntar.
UNO: ¿Soy
yo por ventura?
OTRO: ¿Soy yo acaso, Maestro?
JESÚS: Uno que mete conmigo
la mano en el plato, ése
me entregará. El hijo del
hombre se va como está
escrito; pero ay de aquel por
quien el Hijo del hombre será
entregado. ¡Más le
valiera no haber nacido!
Todos
le miraron temblando, sin comprender
que podía haber más
amargo que la nada. Judas se sintió
obligado a hablar:
JUDAS: ¿Por
ventura soy yo?
La mirada de Jesús respondió
antes que su palabra. Y. muy bajo,
para que solo él pudiera
oírlo, respondió:
JESÚS:
Tú lo has dicho.
Entonces
fue cuando verdaderamente la presencia
de Judas comenzó a hacerse
insoportable para Jesús.
Por eso, más que ordenar,
le suplicó:
JESÚS:
Lo que vas ha hacer, hazlo pronto.
Así
que se secó la barba Judas
salió deprisa. Como si
alguien tirase de su alma. Como
si temiera verse descubierto delante
de todos de un momento a otro.
Como si fuera a suicidarse. (SALE
JUDAS RÁPIDO Y CORRE ESCALERAS
ARRIBA)Sentía miedo, rencor,
asco, vértigo. Todo junto
y revuelto. Era de noche en el
mundo y en su alma.
Momento segundo:
Jesús
ha hecho circular las copas, reparte
las hierbas amargas. Pero hay
en todos sus gestos un tono nuevo,
el de quien los hace por última
vez.
Concluida la oración, piensan
que todo ha terminado. Pero el
Maestro parece no tener prisa.
Ven que toma de la mesa uno de
los panes. Ven que lo bendice
como tantas veces ha hecho. Les
invita a comer todos de él.
Les dice, a la vez, unas palabras
sencillas y misteriosas…
Ellos reciben ese pan que no esperaba,
pues la cena había terminado.
Ahora
le ven tomar la copa que ha usado
durante la misma cena. La llena
del mismo vino que ha usado. Se
la pasa a su vecino. Hay un silencio
largo mientras la copa va de mano
en mano… Esperan que explique
algo, que diga algo. El único
dramatismo es la sencillez. Todo
ha durado tres minutos. Tardarán
tiempo en entender lo que ha sucedido.
Acaban de recibir más que
un símbolo o un recuerdo.
Eso
sí tenían claro:
Sabían que en Jesús
había un poder que hacía
posible lo “imposible”.
En aquellas circunstancias, todo
tenía un sentido
JESÚS
: “Cuantas veces comáis
este pan y bebáis este
cáliz, anunciáis
y publicáis mi propia muerte”
Su cuerpo y sangre serán
separados como lo están
el pan y el vino… Es una
encomienda, es un misterio de
su presencia viva, pero tardarán
en entenderlo.
JESÚS:
“Esta noche se va a cumplir
lo que dijo Zacarías: Heriré
al pastor y se dispersarán
las ovejas. Todos os escandalizaréis
de mí esta noche.”
PEDRO: Aunque otros lo hagan,
yo no, Maestro.
JESÚS: Pedro, mira que
Satanás os va a cribar
a todos como el trigo. Yo he pedido
para que tu fe no desfallezca.
PEDRO: ¡Señor, estoy
dispuesto a ir a la cárcel
contigo!
JESÚS: De verdad te digo,
Pedro. Hoy mismo, antes que cante
el gallo, me habrás negado
tres veces.
Todos los
ojos se volvieron amenazadores
hacia Pedro. Él insiste:
PEDRO: ¡Aunque
tenga que morir contigo, no te
negaré!
JESÚS: Pedro, cuando te
hayas convertido, confirma a tus
hermanos… Todo lo mío
está llegando a su fin.
UNO: ¡Señor, mira,
aquí hay dos espadas!¡Nos
podemos defender!
Jesús
no debió saber si encolerizarse
o reír. ¿Tendría
que explicarles otra vez que esas
no eran sus armas? Sintió
un enorme cansancio al comprender
que nada habían entendido
de su mensaje. Cortando la conversación
dijo, cortando la conversación
en seco.
JESÚS: Basta.
Y entra Jesús en otro tono
de conversación.
JESÚS: Este es el nuevo
mandamiento que os doy: ¡Amaos
los unos a los otros como yo os
he amado! En esto conocerán
todos que sois discípulos
míos. Que no se turbe vuestro
corazón. Creed en Dios,
creed también en mí…
No os dejaré huérfanos…
Levantaos, vámonos de aquí.
Saben
que han conocido a Jesús
y que han visto a Dios. Levantan
ahora los ojos, y en la sala iluminada
sólo por lámparas
que ya se extinguen, contemplan
los ojos de ese Dios. En sus ojos,
sólo ven amor.
Momento Tercero:
Debían
ser cerca de las once de la noche
cuando Jesús y los suyos
abandonaron el cenáculo.
La luna estaba llena y fulgente.
Todas las ventanas estaban encendidas…
Ellos tenían que llegar
al huerto de Getsemaní.
(CAMINAN).
JESÚS: “Quedaos aquí,
mientras voy a orar. (SE DESPLAZA
AL SITIO INDICADO)
JESUS: Triste está mi alma
hasta la muerte. (A LOS TRES QUE
VAN CON ÉL)
Pedro,
Santiago y Juan hubieran querido
hacer algo para aliviar su angustia.
Pero vieron que su tristeza no
era de este mundo, nada podían
hacer ellos por remediarla.
JESÚS: (A LOS TRES QUE
VAN CON ÉL) Quedaos aquí…
JESÚS: (YA EN EL HUERTO…)
Padre: Si es posible, pasa de
mí este cáliz; mas
no se haga mi voluntad sino la
tuya. (PAUSA MUSICAL DE MEDIO
MINUTO).
Va hacia los
apóstoles. Están
dormidos. Se dirige a ellos:
JESÚS:
¿No habéis podido
velar conmigo un rato? Velad y
orad para no caer en tentación.
El espíritu está
pronto, pero la carne es débil…
Le
miraban y les costaba reconocerlo.
Había envejecido…
Sus ojos no tenían la luz
de las grandes horas. Jesús
sabe que no hay retorno. Que su
camino para volver al Padre pasa
por la muerte. Volviendo a la
oración dice:
JESÚS:
Padre mío, sino es posible
que pase este cáliz sin
que yo lo beba, hágase
tu voluntad. (MUSICA DE MEDIO
MINUTO)
JESÚS: Ahora ya podéis
dormir y descansar. El que me
entrega está llegando.
En efecto, llegaba Judas.
Momento
cuarto:
Judas
sabía que Jesús
era pacífico. Pero no así
los apóstoles. Sabía
que algunos podían llevar
un puñal escondido. Mejor
era cogerlo por sorpresa. El iría
delante. él les mostraría
quién era Jesús.
Él mismo conduciría
a los soldados. Le saludaría
con la señal normal de
amistad y respeto: Un beso.
A la luz oscilante de antorchas
Judas se acercaba a Jesús.
(SUCEDE…) El ruido despertó
a los que dormían…
JUDAS: Salve, Maestro.
JESÚS: ¿Judas, con
un beso entregas al Hijo del Hombre?
Vacilaron
unos segundos.
JESÚS:
¿A quién buscáis?
UNO: A Jesús Nazareno.
JESÚS: Yo soy
Ahora la voz
de Jesús se hizo más
mansa.
JESÚS:
Si me buscáis a mí,
dejad marcharse a éstos.
Se
precipitaron sobre él.
Aún pudo decirles que no
era necesario tanto esfuerzo.
Que él era pacífico.
Que pudieron detenerle tantas
veces cuando predicaba por las
calles…
Al momento Pedro recordó
sus palabras de valentía,
sacó la espada e hirió
al que tenía más
cerca. El casco le protegió
del golpe. Aún así,
perdió una oreja. Se llamaba
Malco.
JESÚS:
Basta, no más violencia.
Vuelve la espada a su vaina, porque
todo el que usa la espada, a espada
morirá. ¿Piensas
que no puedo rogar a mi Padre
y me enviaría ahora mismo
a doce legiones de ángeles
para defenderme?
Jesús
callaba ahora y los que le sujetaba
comprendieron que toda resistencia
había terminado. Apretaron
las cuerdas. Alguien dijo: Vamos
ya. Y hubo sonrisas en los rostros.
Jesús tuvo tiempo de ver
cómo los suyos se escabullían
por donde podían. Ahora
estaba verdadera y totalmente
solo.
Por
la puerta de la muralla (VAN HACIENDO…)
entran en la ciudad, al amparo
de la noche.
Voz,
distinta del Narrador:
Aquí
mismo, hoy, en esta Ciudad de
Chinchilla, entendemos que realmente
todos pusimos en él nuestras
manos. Todos conseguimos la libertad
gracias a estas manos que van
ahora, atada, cruzando el torrente
Cedrón.
(Ahora
sale el Cristo de la Caña,
puede salir el de los Azotes,
y se van dirigiendo, desde las
“cocheras” hacia la
Iglesia, con sólo un tambor.
Puede haber antorchas…)
Música hasta que no hay
personal…
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