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PROCESIONES


MARTES SANTO. 2005.
LA NOCHE DE AQUEL DÍA

                                        
       El Martes Santo del 2005, a las diez de la noche, desde la Iglesia Parroquial de Santa María del Salvador, se inició la "procesión" en la que tuvo lugar la representación plástica de "La noche de aquel día".

       Itinerario: Salida de la Iglesia de Santa María del Salvador, plaza de La Mancha, Arco de la "Villa", calle Diablos y Tiradores, Puerta de Diablos y Tiradores, calle Diablos y Tiradores, Arco de la "Villa", plaza de La Mancha y terminación en la Iglesia de Santa María del Salvador.

 Intervinieron: Además del pueblo, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, la Cofradía de la Sangre y Ntra. Sra. De Los Dolores y la Cofradía de los Apostoles.

Video de la representación---------->

8 Mb

 

Fotos:

 

Textos y voz en off:
  Ambientación:
       Jesús bajaba lentamente y en silencio, mientras la brisa del atardecer de la primavera agitaba su vestido; Diez de sus doce apóstoles le seguían nerviosos, con la sensación de que algo grande estaba apunto de suceder…
      Con Jesús habían comido ya varias veces la pascua. Pero este año todo parecía tener un sentido distinto. El maestro estaba viviendo sus horas como si fueran las últimas y los apóstoles se habían contagiado de esta emoción suya…
(HAN LLEGADO A LA CUEVA, Y ENTRAN EN GRUPO)

Momento Primero:
      Cuando Jesús entró en la sala había en ella un fuerte olor a grasa y a especias picantes. Tradicionalmente los judíos habían comido la pascua de pie. Así lo mandaba la Escritura.
      No sabemos con exactitud como se distribuyeron en torno a la mesa. Una vez más los discípulos comenzaron a discutir sobre los puestos que le correspondían. Todos querían estar cerca del Maestro. La pena de verles discutir por tampoco en una hora tan solemne fue una más de sus penas junto a las muchas que le embargaban. Pero calló y se sentó a la mesa.
Los criados habían colocado sobre ella el cordero dorado y crujiente, los platos con hierbas silvestres, las salsas y especies, las frutas.
      Sólo ahora abrió Jesús sus labios. Con su mirada recorrió una a una las caras de sus discípulos y dijo en voz queda:

JESÚS: Con gran deseo he deseado comer esta pascua con vosotros antes de padecer. Porque en verdad os digo que no volveré a comerla hasta que se cumpla en el reino de Dios.

      Estaban perplejos y aturdidos. Sentían deseos de asegurarle que allí estaban ellos para defenderle; pero todas las palabras les parecían inútiles. Callaban.
      Le vieron entonces tomar la primera copa y llenarla de vino.

JESÚS: Tomadla y distribuidla entre vosotros. Os digo que no beberé ya del fruto de la vid hasta que llegue el reino de Dios.

      Ahora Jesús había comenzado a comer con toda naturalidad el primer plato de la cena. En él se mezclaban legumbres y verduras típicas de Palestina. Jesús siguiendo las costumbres habituales, se había servido con los dedos y había pasado la fuente a sus vecinos.
      Poco a poco los discípulos se fueron animando. Comenzaron a recordar cosas que les habían ocurrido con Jesús y todos empezaron a presumir de sus méritos y devoción al Maestro. Alguien debió de criticar que Juan, siendo el más joven, se hubiera sentado en el puesto de honor, junto al Maestro. Todos estaban seguros de que aquel lugar les correspondía a ellos.

JESÚS: Habéis visto como los reyes de los gentiles dominan a sus súbditos. ¡qué no sea así entre vosotros!, sino que el mayor sea el menor, y el que manda como el que sirve. Yo estoy entre vosotros como el que sirve.

      Fue en este momento cuando dos criados entraron en la sala, para que, terminado el primer plato, los comensales se lavasen las manos. Uno de los criados se acercó a Jesús pero éste en lugar de poner sus manos para lavarlas, tomó la jofaina y se puso en pie. El criado y los apóstoles le miraron asombrados. Vieron como tomaba también la toalla que el criado llevaba como se la ceñía a la cintura y como cogía también el jarro de agua. Jesús comenzó a lavar los pies a uno, después a otro… Hasta llegar a Pedro ninguno se había atrevido a hablar ni a oponerse a lo que Jesús hacía. Pero Simón Pedro retiró sus pies con gesto escandalizado.

PEDRO:¿Tú me lavas a mí los pies?
JERSÚS: Lo que yo hago no lo entiendes ahora. Más adelante lo entenderás
PEDRO: Jamás me lavaras los pies
JESÚS: Si no te lavo no tendrás parte conmigo.
PEDRO:¡Entonces no solo los pies, sino también las manos y la cabeza!

      La salida hace sonreír a Jesús, pero su sonrisa se apaga con la rapidez del relámpago:

JESÚS: El que se ha bañado no necesita lavarse sino los pies que ha manchado el polvo del camino. Y vosotros estáis limpios.

Aquí su voz se quiebra y añade:

JESÚS: Aunque no todos…

      Cuando acabó, plegó lentamente la toalla, se lavó él las manos se secó la frente y, cuando regresó a su sitio, habló al fin;


JESÚS ¿Sabéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis Maestro y Señor. Y decís bien por que lo soy. Pues si yo, Maestro y Señor os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros. Yo os he dado ejemplo, para que hagáis también vosotros lo he hecho yo.


VOZ DISTINTA DEL NARRADOR:
      (Algo gira en el mundo en este lavatorio. Este Dios, arrojado a los pies de los hombres, es un Dios que no conocíamos. Este Dios que lo que lava no son los pies hermosos de Adán y Eva por el paraíso, sino los pies de la historia, las extremidades del animal caído que camina pecando por el polvo, que peca de los pies a la cabeza. Este Eterno que se ha puesto de rodillas y tiene manos de madre para los pies de Judas)

      Cuando la cena prosiguió todos estaban desconcertados por lo que acababa de ocurrir, y por la frase misteriosa que hablaba de que alguno de ellos no estaba limpio. De pronto, en un silencio, su voz se alzó:

JESÚS: En verdad os digo que uno de vosotros me traicionará

      La frase cayó en la sala como un golpe de viento helado. Todos eran capaces de una bajeza como la que Jesús anunciaba. Comenzaron a preguntar.

UNO: ¿Soy yo por ventura?
OTRO: ¿Soy yo acaso, Maestro?
JESÚS: Uno que mete conmigo la mano en el plato, ése me entregará. El hijo del hombre se va como está escrito; pero ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado. ¡Más le valiera no haber nacido!

      Todos le miraron temblando, sin comprender que podía haber más amargo que la nada. Judas se sintió obligado a hablar:

JUDAS: ¿Por ventura soy yo?
La mirada de Jesús respondió antes que su palabra. Y. muy bajo, para que solo él pudiera oírlo, respondió:

JESÚS: Tú lo has dicho.

      Entonces fue cuando verdaderamente la presencia de Judas comenzó a hacerse insoportable para Jesús. Por eso, más que ordenar, le suplicó:

JESÚS: Lo que vas ha hacer, hazlo pronto.

      Así que se secó la barba Judas salió deprisa. Como si alguien tirase de su alma. Como si temiera verse descubierto delante de todos de un momento a otro. Como si fuera a suicidarse. (SALE JUDAS RÁPIDO Y CORRE ESCALERAS ARRIBA)Sentía miedo, rencor, asco, vértigo. Todo junto y revuelto. Era de noche en el mundo y en su alma.


Momento segundo:

      Jesús ha hecho circular las copas, reparte las hierbas amargas. Pero hay en todos sus gestos un tono nuevo, el de quien los hace por última vez.
Concluida la oración, piensan que todo ha terminado. Pero el Maestro parece no tener prisa. Ven que toma de la mesa uno de los panes. Ven que lo bendice como tantas veces ha hecho. Les invita a comer todos de él. Les dice, a la vez, unas palabras sencillas y misteriosas… Ellos reciben ese pan que no esperaba, pues la cena había terminado.
      Ahora le ven tomar la copa que ha usado durante la misma cena. La llena del mismo vino que ha usado. Se la pasa a su vecino. Hay un silencio largo mientras la copa va de mano en mano… Esperan que explique algo, que diga algo. El único dramatismo es la sencillez. Todo ha durado tres minutos. Tardarán tiempo en entender lo que ha sucedido. Acaban de recibir más que un símbolo o un recuerdo.
      Eso sí tenían claro: Sabían que en Jesús había un poder que hacía posible lo “imposible”. En aquellas circunstancias, todo tenía un sentido

JESÚS : “Cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis y publicáis mi propia muerte”
Su cuerpo y sangre serán separados como lo están el pan y el vino… Es una encomienda, es un misterio de su presencia viva, pero tardarán en entenderlo.

JESÚS: “Esta noche se va a cumplir lo que dijo Zacarías: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. Todos os escandalizaréis de mí esta noche.”
PEDRO: Aunque otros lo hagan, yo no, Maestro.
JESÚS: Pedro, mira que Satanás os va a cribar a todos como el trigo. Yo he pedido para que tu fe no desfallezca.
PEDRO: ¡Señor, estoy dispuesto a ir a la cárcel contigo!
JESÚS: De verdad te digo, Pedro. Hoy mismo, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces.

Todos los ojos se volvieron amenazadores hacia Pedro. Él insiste:

PEDRO: ¡Aunque tenga que morir contigo, no te negaré!
JESÚS: Pedro, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos… Todo lo mío está llegando a su fin.
UNO: ¡Señor, mira, aquí hay dos espadas!¡Nos podemos defender!

      Jesús no debió saber si encolerizarse o reír. ¿Tendría que explicarles otra vez que esas no eran sus armas? Sintió un enorme cansancio al comprender que nada habían entendido de su mensaje. Cortando la conversación dijo, cortando la conversación en seco.
JESÚS: Basta.
Y entra Jesús en otro tono de conversación.

JESÚS: Este es el nuevo mandamiento que os doy: ¡Amaos los unos a los otros como yo os he amado! En esto conocerán todos que sois discípulos míos. Que no se turbe vuestro corazón. Creed en Dios, creed también en mí… No os dejaré huérfanos… Levantaos, vámonos de aquí.

      Saben que han conocido a Jesús y que han visto a Dios. Levantan ahora los ojos, y en la sala iluminada sólo por lámparas que ya se extinguen, contemplan los ojos de ese Dios. En sus ojos, sólo ven amor.


Momento Tercero:
      Debían ser cerca de las once de la noche cuando Jesús y los suyos abandonaron el cenáculo. La luna estaba llena y fulgente. Todas las ventanas estaban encendidas…
Ellos tenían que llegar al huerto de Getsemaní. (CAMINAN).


JESÚS: “Quedaos aquí, mientras voy a orar. (SE DESPLAZA AL SITIO INDICADO)
JESUS: Triste está mi alma hasta la muerte. (A LOS TRES QUE VAN CON ÉL)

      Pedro, Santiago y Juan hubieran querido hacer algo para aliviar su angustia. Pero vieron que su tristeza no era de este mundo, nada podían hacer ellos por remediarla.
JESÚS: (A LOS TRES QUE VAN CON ÉL) Quedaos aquí…
JESÚS: (YA EN EL HUERTO…) Padre: Si es posible, pasa de mí este cáliz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya. (PAUSA MUSICAL DE MEDIO MINUTO).

Va hacia los apóstoles. Están dormidos. Se dirige a ellos:

JESÚS: ¿No habéis podido velar conmigo un rato? Velad y orad para no caer en tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil…

      Le miraban y les costaba reconocerlo. Había envejecido… Sus ojos no tenían la luz de las grandes horas. Jesús sabe que no hay retorno. Que su camino para volver al Padre pasa por la muerte. Volviendo a la oración dice:

JESÚS: Padre mío, sino es posible que pase este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. (MUSICA DE MEDIO MINUTO)
JESÚS: Ahora ya podéis dormir y descansar. El que me entrega está llegando.
En efecto, llegaba Judas.

Momento cuarto:
      Judas sabía que Jesús era pacífico. Pero no así los apóstoles. Sabía que algunos podían llevar un puñal escondido. Mejor era cogerlo por sorpresa. El iría delante. él les mostraría quién era Jesús. Él mismo conduciría a los soldados. Le saludaría con la señal normal de amistad y respeto: Un beso.
A la luz oscilante de antorchas Judas se acercaba a Jesús. (SUCEDE…) El ruido despertó a los que dormían…


JUDAS: Salve, Maestro.
JESÚS: ¿Judas, con un beso entregas al Hijo del Hombre?

Vacilaron unos segundos.

JESÚS: ¿A quién buscáis?
UNO: A Jesús Nazareno.
JESÚS: Yo soy

Ahora la voz de Jesús se hizo más mansa.

JESÚS: Si me buscáis a mí, dejad marcharse a éstos.

      Se precipitaron sobre él. Aún pudo decirles que no era necesario tanto esfuerzo. Que él era pacífico. Que pudieron detenerle tantas veces cuando predicaba por las calles…
Al momento Pedro recordó sus palabras de valentía, sacó la espada e hirió al que tenía más cerca. El casco le protegió del golpe. Aún así, perdió una oreja. Se llamaba Malco.

JESÚS: Basta, no más violencia. Vuelve la espada a su vaina, porque todo el que usa la espada, a espada morirá. ¿Piensas que no puedo rogar a mi Padre y me enviaría ahora mismo a doce legiones de ángeles para defenderme?

      Jesús callaba ahora y los que le sujetaba comprendieron que toda resistencia había terminado. Apretaron las cuerdas. Alguien dijo: Vamos ya. Y hubo sonrisas en los rostros. Jesús tuvo tiempo de ver cómo los suyos se escabullían por donde podían. Ahora estaba verdadera y totalmente solo.

      Por la puerta de la muralla (VAN HACIENDO…) entran en la ciudad, al amparo de la noche.

Voz, distinta del Narrador:
      Aquí mismo, hoy, en esta Ciudad de Chinchilla, entendemos que realmente todos pusimos en él nuestras manos. Todos conseguimos la libertad gracias a estas manos que van ahora, atada, cruzando el torrente Cedrón.

      (Ahora sale el Cristo de la Caña, puede salir el de los Azotes, y se van dirigiendo, desde las “cocheras” hacia la Iglesia, con sólo un tambor. Puede haber antorchas…) Música hasta que no hay personal…

 
 
   
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