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PROCESIONES


MARTES SANTO. 2006.
AQUELLAS PALABRAS

                                        
       El Martes Santo del 2006, a las diez de la noche, desde la Iglesia Parroquial de Santa María del Salvador, se inició la "procesión" en la que tuvo lugar la representación plástica de "Aquellas Palabras".

       Itinerario: Salida de la Iglesia de Santa María del Salvador, plaza de La Mancha, Arco de la "Villa", calle Diablos y Tiradores, Puerta de Diablos y Tiradores, calle Diablos y Tiradores, Arco de la "Villa", plaza de La Mancha y terminación en la Iglesia de Santa María del Salvador.

 Intervinieron: Además del pueblo, la Cofradía de la Sangre y Ntra. Sra. De Los Dolores y la Cofradía del Cristo de la Agonía y la Cofradía de San Juan Evangelista.

 

Fotos:

 

Textos y voz en off:
 

Ambientación:

         Amigos todos: En esta noche, abriendo nuestra Semana Santa, revivimos la agonía de Jesús, el Señor. Vamos a hacerlo, no como un simple teatro, donde nos quedamos fuera de los actores. Entramos con las figuras evocadas aquí, en la hondura de su sentimiento. Entramos en el corazón del que más amó, de la que más lo quiso y del amigo más fiel.
Entremos, sin miedo, acercándose cada uno a nuestro Señor, el que nos interpela siempre, más aún en estos días santos. (MÚSICA).


         INTRODUCCIÓN: ¿Cómo era el lugar destinado a los crucificados? Dicen los evangelistas que se llamaba “Gólgota”, que se traduce “La calavera”. Este nombre de daba a todo el montículo donde Jesús fue crucificada, incluso a toda el área próxima a las murallas…

         Era un promontorio de roca, muy pequeño, con no más de quince pies de alto sobre el terreno circundante. Lo suficiente para que los crucificados pudieran ser claramente visto por la gente que pasaba por el vecino camino o que tenía sus tiendas en la explanada que rodeaba el montecillo.

         Le esperaba una muerte horrible en la que se concentraban todos los dolores: el agotamiento físico de quien no había comido ni bebido desde hacía muchas horas. A eso se habría añadido la brutalidad de la flagelación, el esfuerzo para transportar el madero, la vergüenza moral…Ahora le esperaba las heridas de los clavos, el ahogo del cuerpo en tensión para que las manos no se desgarraran, la horrible sed, el ataque incesante de los millones de mosquitos tan abundantes en aquel tiempo y lugar, la pérdida de la sangre en un goteo incesante. .. Algo demasiado parecido a un sueño macabro y horrible. (PAUSA MUSICAL).

         LA CRUCIFIXION: El travesaño horizontal estaba ya tirado en tierra. Sobre él hicieron acostarse a Jesús. Ataron probablemente sus brazos cerca de la muñeca por si se resistía a la hora de clavar los clavos. El especialista se acercó a él con un mandil de cuero con grandes bolsillos en los que llevaba martillos y clavos. Con una lezna hizo un agujero en la madera para que el clavo penetrara más fácilmente. Tomó luego un clavo de trece centímetros y lo sujetó entre los dientes. Puso su rodilla sobre el brazo izquierdo de Jesús. Cogió con ambas manos su muñeca izquierda y, con la habilidad del cirujano, palpó buscando el lugar donde sería más resistente. Con un resto de humanidad volvió la cabeza del condenado hacia la derecha para que no viera lo que iba a hacer. Colocó la punta del clavo en su sitio, justamente donde termina la raya que llaman de la vida. Y, rápidamente, con sabiduría de experto, levantó el martillo y golpeó sin contemplaciones… (MEJOR SI SE OYEN UNOS GOLPES…) Un chorro de sangre caliente inundó mano, martillo, y clavo… Pero el soldado, sin detenerse, golpeó de nuevo, otra vez más, otra. Hasta que la cabeza del clavo desapareció casi entre la sangre y la carne levantada. Algunos de los que estaban cerca volvieron la cabeza. Jesús apretó sus dientes conteniendo un gemido…

         Pero el soldado no se detuvo. Trabajar deprisa era, en definitiva, una forma de piedad. Saltó sobre la cabeza de Jesús y puso ahora su rodilla sobre el brazo derecho, tomó, aún más deprisa, la segunda mano, tiró de ella estirando el brazo y golpeó de nuevo con sus manos y martillos ensangrentados.
ESBIRRO: --Ya está. (AQUÍ EMPIEZAN A MOVERSE LAS IMÁGENES, PRECEDIENDO EL CRISTO DE LA AGONÍA. QUEDARÁ DE CARA A LA GENTE).

         Un soldado apoyó entonces una escalera en la cruz. Trepó por ella y, con dos o tres martillazos, sujetó sobre la cabeza de Jesús el letrero que le proclamaba, en tres lenguas, como rey de los judíos.
Las gentes se arremolinaron para leer mejor el letrero. Cuchicheaban entre sí, sentían una mezcla de horror y exaltación. Veían aquel cuerpo que se retorcía, aquellos dientes que se apretaban para contener los gemidos. Recordaban cómo le habían conocido días antes predicando en el templo, cómo le vieron entrar triunfante en la ciudad hace pocas jornadas.

         No entendían nada. y aún hubieran entendido menos si hubieran sabido toda la verdad … Oían gotear la sangre, la veían resbalar por los brazos, el cuerpo del condenado empapando la madera de la cruz. pero no sospechaban qué sangre era aquella. Y mucho menos porqué y por quien se derramaba.

LOS INSULTOS:
         Pronto regresó la tortura de los insultos. La chusma comenzó a desahogar su odio. No se sentían suficientemente saciados con verle morir. Querían regodearse en esa muerte. Era como si tuvieran prisa, no se les fuera a morir sin haber escupiendo sobre su rostro sus venenos.
Y así fue cómo a la corona de espinas y a la de martillazos se unió ahora la humillación de las de las carcajadas, como en una orgía demoníaca.

- Bah, tú que destruyes el templo y eres capaz de reconstruirlo en tres días ¿Por qué no te salvas ahora a ti mismo?
- Si es que eres Hijo de Dios, baja de la cruz.
- A otros salvó y así mismo no puede salvarse.
- Rey de Israel, baja ahora de la cruz y creeremos en ti.
- Ha puesto en Dios su confianza. Que le libre Dios si tanto le quiere. ¿ No decía Él mismo que era Hijo de Dios?

         ¿Y Jesús? Jesús callaba. Desde la cruz, contemplaba la muralla de su ciudad y, más cerca, la danza macabra de sus enemigos. Lúcido para oír uno a uno los insultos y para entender su sentido. .. En realidad sufría más por los que le insultaban que por el propio insulto.

         Pronto se alejaron los curiosos. Quedaron sólo los muy amigos o los grandes enemigos. En el aire había un gran silencio se oían únicamente los gemidos de los crucificados, gemidos que también iban haciéndose progresivamente débiles. (PAUSA MUSICAL).

         La muerte se acercaba y Jesús comprendió que no podía perder esta hora final en la que tantas cosas importantes le faltaban por hacer y decir tendría que ahorrar palabras porque ya no le quedaba mucho aliento pero las que dijera tendrían que ser verdaderamente “ palabras sustanciales “.


         Su testamento para la humanidad futura, palabras como carbones encendidos que no pudieran apagarse jamás y en las que permaneciera su pensamiento, su alma entera, cuanto había venido ha hacer a este mundo, incluso el sentido de su muerte. (MÚSICA)

PRIMERA PALABRA: Padre perdónalos porque no saben lo que hacen.


         A los primeros cristianos les debió sorprender que Jesús desde la cruz se olvidara de sí mismo y comenzara preocupándose de sus enemigos. Cristo no pensaría en los soldados. Eran puros ejecutores de lo que se les mandaba. Se excedieron probablemente en su crueldad. Ellos simplemente obedecían .
         Hubiera podido suplicar por su madre o sus amigos a los que dejaba solos. Hubiera podido mendigar ser comprendido por sus enemigos. Sólo pedía por sus enemigos, y no para que le comprendieran, sino que fueran perdonados.
-“ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”


         ¿Y por quienes rezaba? En primer lugar por los responsables directos de su condena y su crucifixión. En el alma limpia del moribundo todos tenían cavidad, a todos alcanzaba el perdón todos tenían aún un lugar reservado en su reino.
         Y rezó por nosotros. Pidió perdón por nuestros crímenes de cada día. Y no dijo a su Padre: Perdónales porque tú eres bueno. O perdónales porque yo te lo pido. Usó un argumento casi ingenuo: perdónales porque no saben lo que hacen… Y es que conocía como nadie la torpe y ciega pasta humana.( SUBE MÚSICA)

SEGUNDA PALABRA: A LOS LADRONES

         Cierto que hubo otros dos crucificados con Él. Los dos eran unos delincuentes de aquel tiempo. Gritaban y gritaban. Todos los condenados gritan que son inocentes. Ellos no eran allí simples comparsas. Estaban unidas para siempre aquellas tres muertes.

         Quiénes eran estos dos hombres, no lo sabemos exactamente. Incluso se les ha atribuido varios nombres: Dimas, buen ladrón y Gestas, mal ladrón. Las cruces parecen idénticas. Sobre las tres volaban los mismos buitres. Las tres sangres formaban un único charco. Y, sin embargo hay tres hombres en la cruz: uno que da la salvación, otro que la recibe, un tercero que la desprecia. Para los tres la pena es la misma, pero todos mueren por diversa causa.
GESTAS -No eres tú el Cristo? ¿Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros!

         ¿De dónde brotaba la cólera de este hombre? Había transcurrido su vida fuera de la ley en permanente rebeldía. Ahora estaba atrapado, sin esperanzas de evasión, atado a una cruz, sabía que había perdido definitivamente la partida y la rabia le invadía.
         El otro ladrón parece tener sentimientos distintos. Distinguía el bien del mal, medía el valor de las culpas y reconocía las suyas.
DIMAS -¿Ni siquiera estando en el mismo suplicio temes tú a Dios? Nosotros, en verdad, estamos crucificados justamente, pues recibimos el justo pago de lo que hicimos. Pero éste nada malo ha hecho.

         En medio de sus dolores el ladrón buceaba por su alma y por la verdad . Excavaba en ella como en un pozo y, poco a poco notaba que su corazón se iba pacificando como si la verdad fuera un agua fresca. Se sintió pobre y niño y, en su debilidad, descubrió que necesitaba una mano que le sostuviese.
-Acuérdate de mí cuando llegues a la gloria de tu realeza.

         Las sorprendentes palabras de este hombre van a forzar a Jesús a responder. No lo ha hecho cuando el otro ladrón le insultaba. Pero ahora no puede callarse.
- En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.

         En rigor, el verdadero premio que Jesús promete al buen ladrón no está en la palabra “Paraíso” sino en la palabra “conmigo”. Porque estar con Cristo es estar ya en el paraíso. (SUBE LA MUSICA).

LA TERCERA y CUARTA PALABRA: A María y a Juan.


         Le falta aún el mejor de sus regalos a la humanidad. El, que nada tiene, desnudo sobre la cruz, posee aún algo enorme: una madre . Y se dispone a entregárnosla.
         A esta hora se ha alejado ya el grupo de los curiosos. Gran parte de los enemigos se ha ido también. Quedan únicamente los soldados de guardia y el pequeño grupito de los fieles.
         Sabemos que el pequeño grupo estaba cerca de la cruz. Quizá el mismo Jesús les hizo en este momento gestos de que se acercasen porque tenía algo importante que decirles…(SE ACERCAN LA VIRGEN Y SAN JUAN). Allí estaba, y bien cerca del Hijo, su Madre. Ciertamente lo que Jesús vio desde la cruz no era una mujer vencida, desmayada. Desgarrada, sí, por el dolor; pero entera, acogiendo los últimos momentos y palabras de Jesús.
         La presencia de la Madre, tan cerca de aquel ajusticiado, era para Jesús una doble fuente: de gozo y de dolor. En aquel trance no piensa en Él. Se dirige a María y a Juan, el discípulo más querido. Les dice en un susurro audible:
-- Mujer, ahí tienes a tu hijo…
-- Juan, ahí tienes a tu Madre…


         Es esta Virgen, envejecida por los años, y los dolores, la que, repentinamente, vuelve a sentir su seno estallante de fecundidad. María se quedaba sin Hijo y se le daba uno nuevo.
         Ese es el gran legado que Cristo concede desde la cruz a la humanidad. Esa es la gran tarea que se le encomienda a María en esta hora tan culminante en la agonía de Jesús: Cuidarnos a todos… (SUBE LA MÚSICA…)


CUARTA PALABRA: “Padre, por qué me has abandonado?


         Era ya como la hora sexta y se produjeron tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, habiendo faltado el sol… En este hecho, probablemente natural, vieron los evangelistas y vio más tarde la tradición cristiana, un símbolo del gemido de la naturaleza ante la tremenda ejecución de su autor… Es más lógico que nunca que se oscurezca el sol, cuando quien está agonizando es la misma luz del mundo…

         Porque la muerte se acercaba ya. El crucificado estaba muy débil. La sangre no había cesado de brotar de sus manos y sus pies. Si en algún momento el goteo se interrumpía, bastaba un nuevo movimiento, un intento de incorporarse el crucificado, para que se iniciase de nuevo.

         Pero cada vez eran menores los movimientos de Jesús, agotado ya. Se oía únicamente el jadear de su pecho en los últimos esfuerzos por llevar un poco de aire a sus pulmones oprimidos. Jesús apenas veía a través de sus ojos borrosos de sangre y sudor…

         Jesús sufrió del todo la condición de hombre. Vio su soledad multiplicada por el espanto de quien muere joven y en una cruz, odiado y despreciado, dramáticamente consciente de sus dolores… Fue entonces cuando Jesús hizo un esfuerzo que parecía imposible. Se incorporó en la cruz, llenó de aire sus pulmones y gritó con voz alta:

-- ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado” (MUSICA FUERTE).

         No es un grito de desesperación. Es una queja lacerante, pero amorosa. Y segura.
-- Todos mis huesos están dislocados.
-- Seca está como una teja mi garganta.
-- Han traspasado mis manos y mis pies.


QUINTA PALABRA: ¡Tengo sed!

         Jesús experimenta en estos momentos, dentro de su conciencia, el drama de ver su redención despreciada, de saber de antemano que, para muchos, todo este dolor será inútil.

--Tengo sed…!

         Jesús habla, ante todo, de su sed física. Cuenta el dolor de experimentar la lengua como una piedra seca y la garganta como un desfiladero polvoriento. Es el grito que –por hambre o por sed—ha surgido de cientos, de miles de bocas antes y después de Jesús. Es su palabra más radicalmente humana. Es la prueba definitiva de que está muriendo de una muerte verdadera, de que en la cruz hay un hombre, no un fantasma.

         Y uno de los soldados se conmovió al oír esa queja tan humana. No había entendido bien las otras palabras. Pero ésta era una palabra “a su altura”. Tomó una esponja, la sumergió en su jarro, la colocó en la punta de su lanza y la tendió al agonizante. (SE HACE).
UNO: “Deja, veamos si viene Elías a salvarle…(PAUSA MUSICAL)

SEPTIMA PALABRA: “Todo está consumado”


         Su débil, cansada cabeza, repasa todo el abanico de profecías que sobre él se hicieron y comprueba que no queda ni una por realizar. Y sobre el alma de Jesús, desciende la paz. Puede ya volverse serenamente hacia su Padre, cuya lejanía parece definitivamente superada.

-- “Todo está consumado…!

         De un hombre que muere joven, a los 33 años decimos hoy que es un ser malogrado. No tuvo tiempo, de completar su destino. Pero 33 años, y aún menos, son tiempo sobrado para la madurez, para la plenitud. Solo muere malogrado quien muere inmaduro, aquel a quien la muerte sorprende con la vida vacía. La de Jesús es una vida llena. No precisaba de un día más. Todo estaba consumado, todo cumplido. (SUBE MÜSICA).

         Qué gran hombre fuiste. Nos emociona recordar tu ternura con los niños, tu solidaridad con tus discípulos, el serio amor con que honrabas a tu madre, tu pasión por la tierra Palestina, la viril dignidad de tu trato con las mujeres, tu coraje en la defensa de la verdad, tu valor a la hora de afrontar a los adversarios, tu comprensión hacia el pecador, tu nunca humillante amor hacia los pobres. Recordamos cómo supiste llorar por el amigo Lázaro, cómo aceptaste el cansancio de los caminos, qué abierto estabas a cuantos enfermos acudían a Ti, con qué total enteraza has sabido morir. ¡Qué magnífico hombre fuiste, Señor!


(MÚSICA… Y EMPÌEZAN AMOVERSE LAS IMÁGENES, PRECEDIENDO EL CRISTO DE LA AGONIA)


 
 
   
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