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PROCESIONES


MARTES SANTO. 2007.
LATIDOS DE VIDA

                                        
              El Martes Santo del 2006, a las diez de la noche, desde la Iglesia Parroquial de Santa María del Salvador, se inició la representación plástica "Latidos de Vida".

       Itinerario: Plaza de La Mancha, en el balcon de la Puerta del Sol de la Iglesia de Santa María del Salvador.

 Intervinieron: Además de actores del pueblo, la Cofradía del Cristo de la Agonía

Fotos:

 

 

Ambientación:
    LATIDOS DE VIDA

    Martes Santo 2007
    Recopilación de Sebastián Aguilar


     Nada de los que sigue ha sucedido como tal:
Un cadáver que piensa… Pero nos acerca a lo que fue
la vida de Jesús. Por eso escuchamos sus latidos de vida.


VOZ: Todo había sucedido muy deprisa. Una vez que Jesús lanzó aquel grito que vació sus pulmones, todos entendieron que había acabado. Todo siguió con la rapidez del rayo: Solicitar el cadáver para no dejarlo en la cruz. Enterrarlo con la ayuda de unos amigos. Aceptar el ofrecimiento de uno de ellos, que facilitó su propia tumba sin entrenar todavía. Envolver aquel cuerpo desnudo en una sábana y dejarlo sobre una losa fría que lo recibió todavía casi caliente, aunque vaciado de toda vida….


VOZ: Y ahora es cuando nos sorprendemos con unos latidos nunca oídos: Latidos de vida. Porque este muerto tiene muy próxima la vida nueva que le espera. Y la vida anterior se ha escapado tan deprisa de su cuerpo que tenemos la impresión que le cuesta desgajarla de su propia alma…


JESUS.- Me han dejado en esta losa tan fría. No ha sido con desafecto; todo lo contrario. Gracias amigos míos, Nicodemo, José de Arimatea que no habéis permitido que haya quedado mi cuerpo en la cruz como un despojo que nadie quiere.
¡Mi Madre…! Qué lejos quedan para ti, Madre y para mí, aquellos años y ternuras de Belén y Nazareth. Revivo el tacto suave de tus manos, cuando niño. Incluso el sabor de tus pechos.


VOZ.- Y así, empieza la moviola de su vida, sin orden exacto, a recorrer hechos, palabras, personas, lugares. Porque así funciona nuestro cerebro en un desmadejado amasijo de experiencias que se han vivido. Pero, ante todo, resplandece la figura de su Madre, la Madre Dolorosa del Sepultado.

 


MI MADRE

JESUS.- Lo más horroroso del plan de salvación es que tuviera que incluir el dolor de mi Madre hasta tales extremos. Ahí el Padre estuvo un poco duro con la que había seleccionado para nacerme, como bendita entre todas las mujeres. Sólo yo sé lo que sufrió esta bendita mujer, viendo cómo clavaban mis manos y mis pies a los maderos, cómo me arrancaban trozos de espalda aquellos látigos… Cómo atascaban sobre mi frente una corona de espinos que ensangrentaba mi rostro. ..
Hacer sufrir a una Madre estos horrores, fue una segunda Pasión para mí, mucho más importante que la mía. Lo puso todo en la Encarnación… Y en esta tarea de la salvación…, ella puso, por lo menos, la mitad. Tú, Padre, debiste darle la fuerza necesaria para soportar tanta tragedia sin que le estallase el corazón. ¡Qué mujer, Padre, me diste como madre!..


SIGUE JESUS.- También recuerdo a la santa mujer Verónica (PROYECCION…) que me dio un paño para enjugar mi sudor y mi sangre, apiadada por aquel sufrimiento de aquel hombre que era yo…Y las otras mujeres: todas han puesto en mi camino unos toques de amor entregado: Las tres María, mi madre, las otras dos Marías, todas siempre próximas a lo largo de toda mi pasión.

SIGUE JESUS.- Y los hombres… No faltaron los que varonilmente me quisieron de verdad también: Nicodemo, José de Arimatea. Eran importantes en la sociedad de Jerusalén. Pero se arriesgaron por mí. Y mi amigo personal, Lázaro, el que devolví a la vida aún después de enterrado….


LOS AMIGOS

VOZ.- Uno diría que aquel cuerpo, ¡este cuerpo! se está enfriando paulatinamente, sin el curso de su sangre, ya perdida horas ha. Pero un espíritu que se resiste a morir dentro de él, le remueve los recuerdos. Dio en evocar a sus amigos más inolvidables:

JESÜS.- Pedro, el que yo llamé así porque su nombre era otro… Fuerte, algo grueso, calvo, bastante inculto. Un hombre rústico, sencillo y elemental. Será el jefe de mi iglesia. El que me supla, cuando yo muera.
No tenía ninguna doblez. El primero siempre, en responder a mis preguntas. Pedro es el que más me quiere
.
Porque Juan es otra cosa. El más joven, el que no sólo no me negó jamás, sino que se afirmó positivamente a mi lado en la cruz, --hace bien poco--, corriendo riesgos gravísimos. Es el que más quise yo. Fuerte, enérgico, fiel y valiente. Es la persona en que delego la protección de mi madre….
Bartolomé era muy callado y respetuoso. Me seguía, me apoyaba. Lo dejó todo, como los demás. Pero daba poca expresión de sí.
Mateo, el publicano o cobrador de impuestos. Agente del Tesoro. Lo que menos querían los judíos. Con ellos, rodeado de ellos, hice el Reino, después de cumplir mis treinta años. Aquello fue un trabajo en equipo. En cierto modo son coautores de la salvación… En total doce hombres. Todos gente buena. El tiempo lo dirá.


ENSEÑANZAS

VOZ.- Y como Jesús fue sobre todo un predicador de Dios, de su Padre, no puede olvidar –ni si quiera ahora – las muchas cosas que ha dicho en vida para aclararles los mensajes que traía del Padre hasta la tierra.

JESÜS.- En un año, casi todo pasado en Galilea, predico las bienaventuranzas, el Sermón de la Montaña, el discurso del Pan de vida, y les digo profusión de parábolas, no sé cuántas…
La del sembrador, la de la buena semilla y la cizaña, la del grano de mostaza, la de la red, la de la semilla, la de la levadura en la masa, el tesoro escondido, la perla, el criado sin entrañas, los obreros de la hora undécima, las vírgenes necias, la de la higuera, la del ladrón nocturno, la de los talentos, la del sembrador, la de los viñadores homicidas, la del buen samaritano, la del amigo inoportuno, la de la higuera estéril, la oveja perdida, el hijo pródigo, la de Lázaro y el rico Epulón, la del fariseo y el publicano, la del buen pastor…
Son muchas, más de las que ahora recuerdo. Y es que me daba cuenta de que con narraciones sencillas y sugestivas, llegaba mejor al interés del corazón de mis oyentes.


EL PADRENUESTRO….

VOZ.- La vida seguía fuera de aquel sepulcro. El universo de aquella ciudad se concentraba en la cena del sábado… Los apóstoles se reunían, en la ausencia del Maestro, con el espanto en el alma y la boca sin habla, hecha estropajo sus lenguas. Y afuera, sentada sobre una piedra o un ribazo, Magdalena en guardia…

JESÚS.- Recordar va siendo un trabajo. Voy a intentar medio morir un rato. Voy a descansar como cuando, orando, descansaba toda mi vida en el Padre.
Por cierto, recuerdo cuando me pidieron que les enseñara a rezar. Ellos sólo sabían pedir. Orar también es contemplar al Padre y que todo Él entre en nosotros.
Se lo puse fácil: que pidieran tres cosas para Dios y cuatro para ellos mismos .Para Dios que pidieran que se glorifique su nombre, que venga a esta tierra su Reino, que hagamos lo que quiere que hagamos y lo hagamos con gusto.
Que para ellos pidan el pan, el perdón, protección contra el maligno y garantía contra todo mal.

Les estaba dando una oración divina.
Estoy muy satisfecha de haberles enseñado a orar. Un día, mi muerte será historia,. Mi Pasión será liturgia. Mi predicación, fe y esperanza. Pero con el padrenuestro habrá una relación mía con los hombres, y de ellos y mía con el Padre.
Ellos dirán “la oración que Cristo nos enseñó”… y mi Padre recogerá la inmensa cosecha… Yo “soplé” a los hombres la solución exacta para saber orar.

VOZ.- Y quedó, de nuevo, su mente en blanco… Dejó un rato correr los minutos… Colgado en ese no-hacer-nada, que equivale a cerrar un capítulo de la mente, del recuerdo, del sentimiento.


MILAGROS

VOZ.- Jesús habló mucho en su vida. La gente opinaba de él que nadie había hablado como él, porque no hablaba de leyes, sólo de una –hablaba: del amor. Se diría que su palabra era todo un cielo.
Aquel no era un maestro de leyes. Era un amigo, de palabra amena, que quería convencer desde el corazón.
Pero la gente era muy elemental y quería lo más urgente: la salud, por ejemplo. Y le pedía milagros…

JESÜS.- Hago milagros sin parar. Y no me entusiasma siempre. Yo preferiría convencer de palabra, que para eso he venido. Pero la gente necesita magia y espectáculo. ¿De qué me vale la fe que gano después de un milagro?... La curación de la suegra de Pedro, la de los leprosos, la del paralítico, la del hombre que tenía una mano seca, la del servidor del centurión, resucitar al hijo de la viuda de Naín, y la resurrección de la hija de Jairo, el milagro de la tempestad calmada, el marchar yo sobre el agua del lago, la multiplicación del pan y los peces.
En Decápolis curé a un sordomudo. En Betsaida curé a un ciego. Un día recibo la noticia de que mi amigo Lázaro está muriéndose. Cuando llego a su casa, lleva varios días muerto y lo devuelvo a la vida.
Aquí se empezará a complicar mi vida pública.


MAGDALENA

VOZ.- De repente le vino a la mente un nombre querido y amado. El nombre de aquella otra María, la que tanto apoyó a su propia Madre, sobre todo desde los momentos amargos de la Pasión. María Magdalena.
Que nadie la confunda con aquella otra María pecadora, de cuyo cuerpo tuvo que arrojar varios demonios. Todas estas mujeres fueron bienamadas por el Maestro. Pero la Magdalena…

JESÚS.- Sí, te recuerdo, María: Alta, delgada, de piel clara casi transparente. Los apóstoles sse sintieron turbados alguna vez por tu mucha belleza…Yo lo sé. Y Judas era el único que, quizá, no alcanzaba a quererte por aquello de los perfumes. Tú queriendo ir siempre hermosa: era tu estilo. Él, pensando que aquel dinero podía tener un destino diverso, los pobres.
María, el apoyo de mi Madre. Siguiéndome siempre, sobre todo cuando algunos huyeron porque se me venía encima la Pasión.
Ahora intuyo que no estás muy lejos de aquí. No ter asusta la oscuridad de esta hora… Creo que estás junto a la roca hasta que quiera el Angel correrla a un lado, y empiece yo otra experiencia de vida. Pero eso ha de ser al Tercer Día, para que se cumpla lo que está escrito.
Tú y el amor de mi propia Madre son lo más dulce que me ha dado esta breve vida de hombre…
Ahí está, esperándome. Ésta sí que era un verdadero apóstol.


LAS BIENAVENTURANZAS

VOZ.- Todo empezó en Cafarnaúm. Todo no ha quedado escrito. Pero el llamado “Sermón de la Montaña” marcó un estilo en el objetivo vital de Jesús. Él venía la pobre gente que llenaba aquel desgraciado trozo de la tierra. Se fijaba en ellos. Algunos era desgraciados en muchos aspectos.
Tal vez fuera casualidad, pero aquella mañana dejaron el paraje llano de Cafarnaúm y subieron –como de paseo- al montecillo. Ya sentada aquella buena gente empezó a oir palabras que nadie les había dicho y, menos todavía, en aquel tono…

JESÚS.-Bienaventurados los que sois pobres desde el espíritu…
Bienaventurados los que sois mansos, y no os puede la irritación, ni la ofuscación.
Bienaventurados todos los que tenéis el alma llena de misericordia y comprendéis que el mundo es como es.
Bienaventurados los que mantenéis limpio el corazón, limpia el alma.
Bienaventurados todos los que vais de sembradores de paz y no ponéis más cizaña en la relación entre los humanos.
Más todavía: Si por ser amigos míos os desprecian u os persiguen, sentíos contentos porque vuestro nombre está ya escrito en el Libro de la Vida.

Mis palabras son para vosotros. Alguno pensará que es un catálogo de promesas vacías para la tropa de menesterosos. Allá ellos. Pienso en tanta gente que, a lo largo del tiempo, no podrá con la carga de la vida. Yo los miró desde aquí y los amo con predilección. Los mío serán la pobre gente, la gente buena, misericordiosa, mansa, sufriente y llorosa. La parte más hundida de la sociedad.
No amo en exclusiva a los pobres. Todos los hombres son ricos porque son hijos del Padre Altísimo que los ama profundamente.


YO Y MIS RECUERDOS

VOZ.- Y ahí está el hombre, en la oscuridad de esa cueva-refugio. Bajo la sábana, disfrutando de una paz nunca gozada, cancelando los recuerdos. ¡Tiene, sin duda, tantos!

JESÚS.- Yo, el Hombre yo, era un instrumento del Dios, también yo…¿Cómo me recordarán los míos? Fui, soy, un hombre de estatura media, ni alto ni bajo, más bien un poco alto para lo que se lleva. Simpático, social…Tengo que verme desde mí. A través de mí. Yo mismo soy mi punto de observación.
La Salvación no ha terminado y la Redención sigue viva y operante, aplicables a cada hombre nuevo que nace a su humana condición.
Le he tomado gusto a esta humanidad mía. En ella amo todo lo humano.
Nunca dejarán de importarme los de mi misma naturaleza. Esta sustancia mía ya no morirá más, nunca más. Está viva conmigo, adherida a mi sustancia divina.
He sido un hombre público. He sido una voz itinerante, que ha sonado en todos los caminos trayéndoles la voz viva de Dios.
Vivir la realidad ha sido hermoso, aunque haya durado tan poco. Hasta la realidad de la muerte…
Qué grande ha sido el Padre haciéndome vivir la más hermosa de las realidades. La realidad hostil, la realidad grata y amistosa, la realidad tiernísima de la madre, la realidad hermosa que cabía en los corazones grandes de los grandes amigos…
Que el Padre me perdone, si desvarío, enamorado de mi humana humanidad.


PADRE, PERDONA A TU HIJO

VOZ.- Y como quiera que quiso hacerlo todo bien, no termina de encajar todas las piezas de su vida. Le pesa haber arrojado a la gente del Templo, Haber dado largas a algunos que les pedían milagros cuando estaba por dar el Mensaje. Su humanidad era así de manifiesta.

JESUS.- Era hombre. Me fatigaba. A veces no me apetecía salir a continuar la tarea y me buscaba un descanso con los amigos.
Creo que he simpatizado con unos más que con otros. Judas era el último en mi estima. Juan, el primero. Traté mal a Pedro, varias veces. Una, hasta le llamé Satán. Y a Felipe, poco menos que ignorante. Tenía prontos no muy propios de Dios. Probablemente, al quererme hombre, no me quiso perfecto mi Padre.
De todos modos, creo que me pasé la vida haciendo el bien. Fui un maestro bueno que predicó con el ejemplo. Morí por ellos, luego de sufrir crueles tormentos.
Me estremezco aquí dentro, y hasta tiembla la sábana que me cubre. Todo me estorba ya…Estoy como impaciente…

JESÚS.- He descansado en paz. ¡Qué feliz expresión de los hombres, ésta, en relación con la muerte! Empiezo ya a sentir como una cierta impaciencia por cursar como Resucitado.


DESEOS DE RESUCITAR

VOZ.- Pero empezaba ya a necesitar descansar de su descanso. No volver a la vida, que ya estaba regresado a ella, si la dejó realmente en algún momento. Regresar a la luz, Él que era la misma luz.
Tenía la creciente sensación de que hora había llegado. De que había que volver a funcionar como el histórico Dios Hombre, Hijo del Padre.
Fueron casi tres días. Demasiadas horas. ¿Qué esperaba el angel…?, se preguntaba el Hijo de Dios que se hizo hombre, para que los hombres pudiesen hacerse hijos de Dios.

JESÚS.- Empieza ahora casi a incomodarme una necesidad de actividad.
Aun me queda trabajar por el Reino. Al menos unos días. Esto empieza a hacérseme largo. Espero que el Padre y el Espíritu lo intuyan y me ayuden. Ya necesito resucitar entre la vida de todos. Reamanecer entre los míos.

VOZ.- Coincidiendo con estas últimas expresiones de Jesucristo, comenzó a operarse un cierto movimiento exterior. Se hizo dentro de la gruta una suave y armoniosa luz. Cristo se incorporó. Retiró la sábana y demás tejidos propios de las diversas unciones y cuidados funerarios, se sentó sobre la piedra en que había yacido y notó cómo se corría, lentamente, la gran piedra que lo separaba del mundo vivo. La luz interior, recogida pero esplendorosa, se comunicó con la radiante claridad de aquel domingo único para la cristiandad. La luz de dentro y la claridad de fuera se fueron convirtiendo, mezcladas, en un radiante ámbito de esplendor. La luz de Luz, se puso nuevamente en pie y, solemnemente, con pasos pausados, como todavía inseguros, avanzó hacia el mundo.

La luz era deslumbrante. La Luz de Luz de todas las luces acumuladas por el Padre. Aquello parecía un festival de arco iris, entrecruzados y festivos. Él resplandecía como un éxito de blancura. Se le abría, de nuevo, la tierra, para recibirlo como un cielo. Un Cielo de Cielo anticipado.
Con la cabeza erguida, el galileo, miró en torno…¡Allí está ella! La de siempre, María Magdalena… Como no podía ser de otro modo. Ella estaba allí, para recibir la primera Luz del Resucitado. Ella la llevaría a sus Hermanos…Ella, la del amor más fiel después de su propia Madre…

 
 
   
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