|
Ambientación:
MARIA, LA DE JESÚS Y OTRAS
MUJERES…
INTRODUCCION:
Esta noche y en esta Plaza vamos
a aproximarnos a la vida y pasión
de Jesús. Como otras veces,
vamos a sentir cercano a Jesús
y su pasión. Pero vamos
a fijarnos sobre todo en el modo
como en su vida transitan las
mujeres. Por supuesto, su Madre,
la primera. Junto a Ella, la excelente,
las otras. No todas las que se
cruzaron con Jesús, en
vida y muerte. Tan sólo
con algunas.
Y todo para descubrir que la pupila
de Jesús y su corazón
se fijó siempre en ellas,
no como un hombre mira y desea
a una mujer, sino como quien las
saca de su anonimato o de su desgracia.
Esta noche nos fijaremos en “María,
la de Jesús, y otras mujeres”.
(MUSICA DE INTRODUCCIÓN.)
(SALE JESÚS CON DOS DISCÍPULOS
POR EL FONDO DE LA PLAZA…)
Nos
preguntamos: ¿Cómo
era Él, Jesús?
Después de conocer sus
palabras, sus hechos, todavía
nos preguntamos por su identidad.
Sabemos que la respuesta nunca
será completa.
Jesús es descrito como
de elevada estatura, distinguido,
de rostro venerable. Inspira,
a la vez, amor y temor. Su pelo
es oscuro, brillante, dividido
en medio de la cabeza al estilo
de los nazareos. Su frente es
despejada y serena. Sus manos
y sus brazos son agradables a
la vista.
Jamás se le ha visto reír,
pero sí llorar. Habla poco
y con modestia…
Nos gustaría conocer su
rostro. Pero quizá no es
lo más importante. No es
su rostro, sino su amor, lo que
nos ha salvado.
Jesús no tuvo por qué
ser el hombre más guapo
de la humanidad. Pero la divinidad
no se unió en él
a la mediocridad. En su cuerpo
sano habitaba un alma sana. (BREVE
PARADA, COMO CONVERSANDO).
No
es un titán. No es un superhombre.
Jamás los evangelios lo
muestran rodeado de fulgores.
En Jesús hasta lo sobrenatural
es natural. Hasta el milagro lo
hace con sencillez.
No
dice grandes cosas nuevas; dice
cosas racionales, que ayuden sencillamente
a la gente a vivir. Él
viene a cambiar el mundo, no a
sembrarlo de retóricas.
No es blando ni sentimental, pero
sí profundamente humano.
Se siente a gusto entre los niños
y los pequeños; llora ante
la tumba de Lázaro y ante
Jerusalén. Sólo
estalla cuando los derechos de
Dios son pisoteados…(HAN LLEGADO
AL QUIOSCO. SE PIERDE POR CALLE
SAN BLAS…VOLVERÁ).
Une en sí a un pensador
y a un poeta.
Es un hombre sencillo y verdadero.
En su vida no hay gestos teatrales.
Huye cuando quieren proclamarle
rey. Cuando tenga miedo no lo
ocultará. Habla como se
habla. Vive como se vive. Jamás
hace alarde de cultura. No siente
angustia por lo que piensan de
Él, no se encoleriza cuando
le calumnian. Pero lo duele que
no le comprendan.
Ama la vida, pero no la antepone
a la verdad. Morirá por
esa verdad.
LAS
MUJERES:
(SALE
JESÚS DE NUEVO: LOS DISCÍPULOS
QUEDAN A DISTANCIA…)
Jesús rechaza las discriminaciones
propias de aquel tiempo: Los niños,
los extranjeros, la mujer. Hoy
difícilmente nos imaginamos
hasta qué extremos llegó
en el mundo antiguo la discriminación
de la mujer.
Respecto a ellas no tiene Jesús
ningún prejuicio. No habla
despectivamente sino con afecto,
con comprensión. No tiene
inconveniente en hablar con ellas
en público, como en el
caso de la samaritana…
LA SAMARITANA (La mujer de los
cinco maridos)
La
vida de la samaritana –no sabemos
su nombre- era una vida azacaneada.
El colectivo étnico del
que proviene es despreciado por
los judíos puros.
Jesús llega al pozo de
Sicar. Llega cansado. Han sido
dos largas jornadas de camino.
Es mediodía. El son pica,
aún siendo invierno. Se
queda a descansar mientras los
suyos iban a buscar comida a la
ciudad.(AQUÍ SE VAN LOS
DISCÍPULOS).
Pero no va a descansar. Por el
camino viene una mujer joven,
llena de vida y atractivo.
Viene a tomar el agua que tenía
fama de ser la más fresca
y buena. Es la samaritana, que
huye de las filas humanas en otras
fuentes. Prefiere andar medio
kilómetro que aguantar
risitas a su espalda.
-. Dame de beber.
-. ¿Cómo tú,
siendo judío, me pides
de beber a mí, que soy
mujer y samaritana?
-. Si conocieras el don de Dios
y quién es el que te pide
de beber, tú le pedirías
a él y él te daría
a ti agua viva.
-. Señor, no tienes con
qué sacar agua y el pozo
es hondo, ¿de dónde,
pues, te viene esa agua viva?¿Acaso
eres tú más grande
que nuestro padre Jacob que nos
dio este pozo y de él bebió
él mismo, sus hijos y sus
rebaños?
-. Quien bebe de esta agua, volverá
a tener sed; pero el que beba
del agua que yo le diere no tendrá
jamás sed, porque el agua
que yo le dé se hará
en él una fuente que salte
hasta la vida eterna.
-. Señor, dame de esa agua
para que no sienta más
sed ni tenga que venir aquí
a sacarla.
-. Vete, llama a tu marido y vuelve
acá.
-.No tengo marido.
-. Bien dices: No tengo marido,
porque has tenido cinco y el que
ahora tienes no es tu marido.
-. Señor, veo que eres
un profeta… Yo sé que el
Mesías está a punto
de venir. Cuando venga, él
nos lo explicará todo…
-. El Mesías soy yo, el
que habla contigo.
Se produce un cambio de escena
rápido… Vienen los discípulos
con los comestibles. La samaritana
se va transmutada. (SE VA POR
EL ARCO DE LA DALIA…). Olvida
el agua que buscaba, olvida su
cántaro… Quiere comunicar
a todos su descubrimiento. Ha
venido un profeta que ha limpiado
e iluminado su alma. Ha visto,
de repente, un montón de
luz y un horizonte nuevo para
su vida…(LOS DISCÍPULOS
EMPIEZAN A COMER).(PAUSA MUSICAL)
LOS NIÑOS:
Este
Jesús, radicalmente viril,
es, en realidad, un apasionado
de los niños.
Dispone de ríos de ternura
para los pecadores y los niños.
Aquellos siglos toleraban mal
a los niños. Conversar
con los niños era tirar
las palabras. Pero Jesús
va a romper con su época.
Jesús conoce a los niños,
los valora, los quiere y lo quieren…(VA
CAMINANDO CON LOS DISCIPULOS Y
DE LOS LADOS CORREN NIÑOS
A SU ENCUENTRO. DICE JESÚS:
-. Al que haga daño de
alguna manera a estos niños,
más le valdría que
le colgasen al cuello una piedra
de molino de asno y le hundieran
en el fondo del mar..
Es voluntad del Padre que no se
pierda ni uno solo de estos pequeñuelos…
(ABRAZA A LOS PEQUEÑOS…
SE VAN…)
LA ADULTERA:
(SE
DIRIGE A LOS ESCALONES DE LA PUERTA
DEL SOL. AHÍ SUCEDERA LO
QUE VIENE).
Viene,
un grupo de hombres trayendo a
una mujer.. La tiran a los pies
de Jesús…
Un incidente inesperado. A la
puerta del templo mismo acuden
con una mujer sorprendida en relaciones
ilícitas… Saben que Jesús
es amigo de los pecadores, que
predica la indulgencia hacia las
mujeres de la vida…Pero la ley
de Moisés es clara: hay
que apedrear a las tales…¿Se
pondrá del lado de la ley
o de la misericordia que predica?
Jesús recurre a un arma
muchas veces usadas por él:
el silencio.
Ante el acoso dice fuerte:
-. El que entre vosotros esté
sin pecado, que tire la primera
piedra…
Poco a poco se van. Queda Jesús
y la mujer. Jesús la levanta,
la mira a los ojos…
-. Ninguno te ha condenado… Yo
tampoco te condeno… Vete y no
peques más…
(SE
VA DEL MODO QUE SE INDIQUE…) Nada
sabemos sobre esta mujer. No olvidará
ni el terror de este momento mi
la mirada afectuosa del Maestro.(PAUSA
MUSICAL).
LA PECADORA (o María Magdalena):
Jesús
se ha levantado… Reemprende el
camino… De momento corre hacia
él un fariseo, con gestos
lo invita a su casa… Es un hombre
con dineros. Quiere honrar su
mesa con la presencia del Maestro.
No se va a hablar de otra cosa
en la población. Todo un
profeta Jesús, en casa
de uno de los importantes…(CAMINAN…)
Sentados
a la mesa ocurre algo que resultó
terrible para los dueños
de la casa. De pronto, una mujer,
salida de no se sabe donde, entra
en la sala y se arroja a los pies
de Jesús. Las mujeres estaban
prohibidas en la mesa donde sólo
hay hombres… Los invitados la
reconocen: Es una mujer sobradamente
conocida, una meretriz señalada
por todos en la calle…¡Qué
a gusto la habrían pateado!
Ella está al pie de Jesús.
Restriega su pelo en los pies
del Maestro. Él le dice
con infinita ternura:
-. Tu fe te ha hecho salva; vete
en paz…
Ahora los ojos de la mujer se
iluminan. Se siente invadida por
una misteriosa alegría.
Una luz que en su vida nunca ha
conocido. Se siente volar. Los
viejos amores que ha conocido
se hacen ceniza en su memoria.
Quedará encadenada para
siempre a este hombre nuevo, a
este hombre-Dios que acaba de
darle la paz. (SE VA LA MUJER…,
SE LEVANTA JESÚS…, SALUDA
A LOS COMENSALES Y SALE…SE LE
JUNTAN UNOS DISCIPULOS…)
EN NAIM
Ha caminado muy poco, unos pasos,
cuando ven un entierro. Todo entierro
sobre coge; más, cuando,
como hoy, es un muchacho el muerto.
Alguien les ha informado de lo
que se trata: el hijo único
de una viuda. En efecto, una mujer
enlutada va tras la humilde comitiva.
La mujer camina como sonámbula.
Se siente más muerta por
dentro que su hijo yaciente. No
ve a Jesús que se está
acercando. Y es que el mundo,
para ella no es ya otra cosa que
la muerte.
Jesús se enternece. Se
acuerda de su propia madre, seguramente.
Se rebela ante la desolación
de la pobre mujer. (PONE LA MANO
EN EL HOMBRO DE LA MUJER, COMO
DICIÉNDOLE “TRANQUILA”)
Jesús se acerca a la camilla.
Pone su mano…
Todos se paran expectantes. Mira
el pálido rostro del muchazo,
amarillo, casi violeta ya.
Se incorpora el joven. Lo dejan
en el suelo y huyen espantados…
Jesús lo da a su madre
(ABRAZO) y se va.
Apenas pueden creerlo. Tocan al
muchacho para convencerse de que
no es un fantasma, de que su carne
está viva y caliente…(MUSICA
DE TRANSICIÓN)
Jesús
sigue su camino. Siente ternura
por los descalificados socialmente.
Hemos revivido aquí, esta
noche, a un grupo de mujeres a
las que ayudó. Otras más
se desvivieron por él a
diario. Algunas nunca han sido
conocidas.
Irán apareciendo otras:
Siempre su Madre, María;
y otras: María la de Cleofás,
María Magdalena, las hermanas
Marta y María; la Verónica…
y tantas otras a las que curó,
o que vieron en Él el rostro
verdadero de Dios, hecho hombre
entre los hombres y mujeres…
Vamos
a entrar en las horas densas de
su final, cuando el rostro femenino
le ayudará en la crueldad
de aquel sufrimiento. Miradas
llenas de compasión, de
fidelidad, de gratitud. Será
su Madre y otras mujeres las que
sienten por Jesús.Habrá
lágrimas en todos sus rostros,
lágrimas que sienten con
Él y por Él.
(IMPORTANTE LA MUSICA, INDICANDO
TRANSITO A OTRO LENGUAJE, A OTRA
SITUACIÓN).
Jesús
mismo no va a relatar su trágica
experiencia:
(SALE
POR EL ÁBSIDE DE LA IGLESIA
UN GRUPO DE PERSONAJES: Jesús,
con la cruz a cuestas, las Tres
Marías –fuera de la comitiva-,
soldados alrededor.)
JESÚS: Serían las
doce cuando unos soldados cargaron
la cruz sobre mis espaldas, tras
cambiarme la túnica grana
por mis vestiduras de siempre,
casi destrozadas. Comenzaba mi
camino hacia el Calvario, adonde
me llevaban para la tortura definitiva,
según escuché a
un centurión que daba órdenes
junto a mí…
SIGUE LA VOZ DE JESÚS.
(VERÓNICA)
De pronto vi que se acercaba una
mujer. Se quitaba su velo blanco
y, desafiando todas las miradas,
limpió mi cara. ¡Qué
valentía en su gesto y
cuánto amor hacia mí!
No pude adivinar su rostro. Con
el tiempo la llamarán Verónica.
¿Por qué se conmovió
por mí?
(TODO SUCEDE SEGÚN SE INDICA…)
SIGUE
LA VOZ DE JESÚS. (CIRINEO)
Yo
apenas podía con el peso
del madero. Tropezaba una y otra
vez y el dolor era intenso, casi
insoportable. Entonces, los mismos
soldados encontraron a un hombre
de Cirene que pasaba por allí
y venía del campo… Sin
más le obligaron a cargar
con la cruz detrás de mí…
Aunque fuera por obligación,
hizo mucho por mí. ¡Gracias,
Simón!
(MÚSICA DE TRANSICIÓN)
(SE
DESTACAN LAS “TRES MARÍAS”.
JUAN VA CON ELLAS, JUNTO A MARIA…)
SIGUE
LA VOZ DE JESÚS. (MI MADRE,
MARÍA)
Mi
Madre ha estado, hace horas, tratando
de llegar a mí. Llevaba
treinta años sintiendo
clavada la espada de lo anunciado
por Simeón. Toda su vida
ha estado llena de temblores y
miedos. Sé que despertaba
muchas veces en la noche temiendo
que lo peor ya llegaba. Que el
terror estaba a la puerta.
Tú sabes, Madre, que si
he dicho que soy Hijo de Dios,
es que lo soy…Cómo querría
evitarte este dolor. Tendrás
que ser muy fuerte, Madre… Sujétala
bien, amigo Juan…
(EN EFECTO, JUAN LA TIENE TOMADA
POR LOS HOMBROS. UN SOLDADO LES
IMPIDE EL ABRAZO APENAS INICIADO…)
(HAY MÚSICA, MIENTRAS SUBE
JESÚS POR LA ESCALERA A
LA ALTURA DEL BALCÓN DEL
SOL. TODO SE HARÁ CON LA
DEBIDA DIGNIDAD. DISTRIBUCIÓN
DE SOLDADOS, ARRIBA, ABAJO. JESÚS
QUEDARÁ PUESTO DE MANERA
QUE SE DISTINGA…EL GRUPO DE LAS
MARÍAS QUEDA EN EL PRIMER
RELLANO…)
SIGUE
JESUS:
Así llegué al monte
de la calavera, llamado Calvario.
Llegué del todo exhausto,
sangrante, lloroso, humillado
y hasta acabado… Me hubiera sido
imposible seguir más tiempo…(UN
SOLDADO LE ARRANCA LA TÚNICA,
LO “TIRAN” AL SUELO…)
Me dejé caer al suelo,
junto a la cruz, y empezaron los
golpes de martillo en mis manos…,
en los pies. Contuve el grito
en mi garganta.
Los golpes de martillo hicieron
que los clavos fueran clavándose
lentamente en mis carnes, rompiendo
nervios y músculos… (SE
OYEN LOS MARTILLAZOS, A LA VEZ
QUE LA MÚSICA…) Hasta que
me izaron en alto…Pude ver las
personas, la Ciudad a lo lejos..Cerca
mi madre, las otras Marías,
el joven y fiel Juan…, los soldados…(PAUSA
MUSICAL).
Me
moría. Viendo a mi Madre,
tan desolada y huérfana
de apoyo futuro, se la entregué
a Juan; pero en seguida caí
en la cuenta de qué sería
de Juan, tan solo, sin mí.
Se lo entregué a mi Madre…
Rezaba con el salmo: Todos mis
huesos están dislocados…
Seca está mi garganta como
una teja. .. Han traspasado mis
manos y mis pies, y puedo ya contar
todos mis huesos…Se han repartido
mis vestidos y echan a suerte
mi túnica…
En
el colmo del dolor grité
a mi Padre por qué me había
abandonado. ..Supe que todo estaba
consumado… y con una voz de ahogado
le dije al Padre que en sus manos
entregaba mi espíritu,
mi alma… Después morí,
inclinando la cabeza sobre el
pecho ensangrentado. (MUSICA A
PROPÓSITO).
PALABRAS CONCLUSIVAS:
Contemplando
su cuerpo, que parece el de un
vencido, sentimos deseos de volver
a él, para decirle qué
orgullosos estamos de tu obra.
¡Qué bien lo hiciste
todo, Cristo! ¡Si supieras
qué felices estamos de
tenerte por jefe! En verdad que
tú eres, Señor,
lo único bueno que tenemos.
Tú eres el que nos hace
posible la fe, llevadera la esperanza,
fecundo el amor. Tú, Señor,
nos bastas.
¡Qué
gran hombre fuiste! Nos emociona
recordar tu ternura con los niños,
el serio amor con que honrabas
a tu madre, la viril dignidad
de tu trato con las mujeres, tu
coraje en la defensa de la verdad,
tu valor a la hora de afrontar
a los adversarios, tu comprensión
hacia el pecador.
Recordamos cómo supiste
llorar por el amigo, cómo
aceptaste el cansancio de los
caminos, qué abierto estabas
a cuantos enfermos acudían
a ti, con qué total entereza
has sabido morir. ¡Qué
magnífico hombre fuiste,
Señor! ¡Qué
gran Dios nos mostraste! ¡Tú
pusiste la imagen de Dios a nuestro
alcance!
¡Eres Dios envuelto en humanidad!
(PALOMA) y SUBE MÜSICA…
(ATENCION A SINCRONIZAR LO QUE
VIENE: SE OYE EL BREVE TEXTO FINAL,
Y, OSCURO SOBRE LA CRUZ .EL FOCO
VA A UNA PALOMA BLANCA QUE SALE
AL AIRE):
HECHOS
SIN PALABRA. (SÓLO MÚSICA
Y ACCIÓN.)
l.- Aparece, como se indique,
LA VIRGEN CON EL SEÑOR
MUERTO. (Se escucha—recitado o
cantado--)
Te
miro de cerca
y, entre tanto llanto,
parece mentira
que te hayan clavado;
que seas el pequeño
a quien he acunado;
el que se dormía
tan pronto en mis brazos;
el que se reía
al mirar el cielo
y cuando rezaba
se ponía serio.
Sobre
este madero
veo al pequeño,
que entre los doctores
hablaba en el Templo.
Cuando pregunté
respondió con calma
que de los asuntos
de Dios se encargaba.
Ese mismo Niño,
el que está en las Cruz,
es Dios de los hombres,
se llama Jesús.
Ese
mismo Hombre,
ya no era un niño
cuando en unas bodas
le pedí más vino.
Y dio de comer
a un millar de gentes
y a pobres y enfermos
los miró de frente.
Sufrió con aquellos
a quienes Él quiso
y lloró en silencio
al morir su amigo.
Ya cae la tarde
y se nubla el cielo.
Pronto volverás
a tu Padre eterno.
Duérmete pequeño,
duérmete mi Niño,
que yo te he entregado
todo mi cariño.
Como en Nazaret
aquella mañana:
he aquí tu sierva,
he aquí tu esclava.
2.-
Se acercan hombres a María
y retiran el cuerpo de Jesús.
Ella se pone en pie…
3.-
Bajan en grupo hacia abajo por
las escaleras del “balcón
del sol”. Caminan hacia la covachuela
de abajo.
4.-
Introducen el cuerpo… Lo sitúan…
Salen…
5.-
Queda María un rato a la
puerta, mientras se oye el texto
del Stabat Mater…
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa
fiero cuchillo tenía.
¡Oh,
cuan triste y cuan aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.
Y,
¿cuál hombre no
llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por
los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.
¡Oh
dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor,
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en Él que
conmigo.
Y
porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme
contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz donde le veo,
tu corazón compasivo.
¡Virgen
de Vírgenes Santas!
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte,
que siempre sus penas vea.
Haz
que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi Fe y amor indicio;
por que me inflame y encienda
y conmigo me defienda
en el día del juicio
Haz
que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén
Chinchilla. Semana Santa 2009
|