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Recuerdo con añoranza
nuestro nerviosismo
al comprobar el
escaso número de
tambores presentes
en los momentos
previos a la entrada
de las BOZAINAS
en la Plaza. Sin
embargo, coincidiendo
con su último toque
en el balcón de
la Puerta del Sol
de nuestra Iglesia
esperábamos. De
repente, empezaron
a acudir chiquillos
jóvenes, muchachas,
y personas mayores,
todos con su tambor.
Cuando el tamboril
BOZAINERO dio la
orden de empezar,
unos doscientos
tambores rompieron
la calma de la noche,
una vez calladas
las notas lastimeras
de las BOZAINAS.
Un redoble ensordecedor
resonó en toda la
plaza. Sin acabar
de creerme lo que
estaba sucediendo,
una gran emoción
y alegría se fue
apoderando de mí
conforme íbamos
redoblando el “TRAPOTRAPO”,
así es como se denomina
el toque, ensayado
unos días antes. |
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